Huellas

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Sé que me encanta la soledad, pero que bonito es también volver a mirar la vida y verla llena de huellas.

Las huellas de una tarde recorriendo Medellín y hablando de Rayuela, el sonido de dos voces desafinadas cantando en un Transmilenio, que me acompañes a caminar hasta Cuba, una conversación infinita en Juan Valdez donde nos damos cuenta que nos parecemos mas de lo creíamos, caminar borrachos por la ciudad dormida, quedar sin voz luego de un concierto de una banda que nunca habíamos escuchado antes, recorrer las calles de una ciudad donde nadie mas habla nuestro idioma.

Quisiera poder recordarlo todo en paz, como quien pinta un cuadro y sabe que cada color valió la pena.

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Historias con canciones

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Te pedí que no me llevaras a mi casa. Me dijiste que podíamos tomar una cerveza, en el sitio de siempre. Parqueamos la moto y caminamos cogidos de la mano hasta el bar. Sabías que me pesaba el alma y quería llorar por él. Él me había hecho daño y yo lo había querido un montón. Sabías que no quería volver a él.

No quiero quedarme sentado, 
No quiero volver a tu lado
Creo me gusta así.
Ya paso el tiempo y espero saber por qué
Estando tan lejos no te quiero ver.

Pedimos dos cervezas y te dije que iría un momento al baño. Cuando volví, mirabas tu celular distraído. Estar allí podía ser la situación más extraña de mi vida, porque aún lo quería a él y tú lo sabías, porque quería estar contigo y aprenderte a querer, y tú también lo sabías.

Adentro llueve
y parece que nunca va a parar
Y va a parar.

Teníamos un miedo tan inmenso que llenaba todo el bar, se sentaba en las sillas y pedía cervezas. Como no sabíamos qué decirnos, decidimos darnos un beso. Entonces empezó a sonar una canción.

Ya no duele el frío que te trajo hasta acá
Ya no existe acá
No existe el frío que te trajo.

Y nuestro beso duró toda la canción.

Cantando a pesar de las llamas.
Lalalalala
Gritando con todas las ganas. 
Lalalalala

Nunca supe explicar lo que había pasado en ese momento. Pero ahora, cuando ha pasado el tiempo, por fin lo entiendo. Fue allí cuando entendiste que estaba triste y que iba a tomar tiempo en curar, fue allí cuando entendí que no te importaba, que ibas a luchar conmigo.

Gracias.

 

Él se parece a la tristeza

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Él se parece a la tristeza. A los sueños arrugados al fondo de la maleta. Él se parece a las piedras pesadas, que sirven para sentarse a descansar pero son imposibles para llevar a caminar. A los libros llenos de polvo, olvidados al fondo de la biblioteca.

Cuánto quise cargarte.

Cuánto quise soplar el polvo de tus páginas viejas y leerte en el camino.

Cuánto quise limpiar de palabras tus ojos amarillos. 

Ahora, cuando desocupo el fondo de la maleta, salen los sueños arrugados y el polvo de sus páginas. Salen sus ojos amarillos, sucios de palabras negras.

Salen,

drop

drop

drop,

las gotitas de tristeza que quedaban.

El problema del ‘amor-real’

Untitled-1Yo creo que el amor es una combinación imposible de ‘su malgenio’ y ‘mi manera de quedarme callada cuando no me siento bien’, o de ‘mi desorden’ y su ‘obsesión por la puntualidad’.

El amor ha llegado varias veces. Con los dientes torcidos, con el pelo hasta los hombros, vestido solo de color negro, con los ojos amarillos. Ha llegado sin saber qué hacer con su futuro o con tanta certeza de saberlo que me borra del paisaje. Ha llegado incluso con mal aliento.

El amor también se ha ido.

Vamos separándonos y juntándonos unos con otros, y traemos canciones de otros, cuerpos de otros, besos de otros, tristezas de otros. Y cuando nos juntamos, a veces parecemos 32 en vez de dos.

Ayer entré a un edificio de oficinas, iba con mi bolso y mi computador, a reunirme con un cliente. El sol golpeaba las ventanas y mientras caminaba, pensé que quizás debía haberme maquillado un poco más. Entonces recordé que 10 años atrás había estado en ese mismo edificio, con el uniforme del colegio.

Casi me podía ver, casi la podía ver. Corriendo junto a él, bajo la lluvia, y refugiándose en el hall de oficinas en el que estaba apunto de entrar. La vi con la falda de cuadros a la rodilla y el pelo tan mojado que parecía negro, la vi muerta de la risa, agarrada de la mano de alguien al que hace años no volví a ver.

Al verla, supe que le había cumplido muchas cosas que deseaba. Si pudiéramos vernos cara a cara, ella se alegraría de encontrarme sin tacones ni maquillaje, con el pelo largo aún suelo. Y moriría de emoción al saber que nos iremos pronto a estudiar escritura creativa a Inglaterra. Pero del amor… ¿qué me diría del amor?

Ella estaba convencida que el amor debía ser algo así como una historia, que incluía una escena en la que la pareja se daba besos bajo la lluvia.  Aunque en el fondo sabía que no estaba enamorada, quería esconderse junto a él mientras pasaba la lluvia, porque el amor debía parecerse a eso, a apretarse el uno con el otro cuando hacía frío.

Yo no le puedo dar el amor que ella quería, porque sé que es imposible exigirle al amor que sea igual al de una película. Pero debo aceptar que, diez años después, aún me cuesta el concepto de “amor-real”. Ese amor que a veces está más callado, a veces no se entiende, a veces quiere estar solo.

Aún me cuesta entender que el amor nunca va a llenar todos los espacios en blanco.

Olvido

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Qué linda me veo dibujada en tus letras, qué linda me pintas en tus párrafos infinitos. Así melancólica, una niña chiquita saltando entre los muritos del parque, esperando un regalo sobre la cama todas las noches y dibujando pájaros de origami en el techo de las habitaciones. Qué lindo saber que esa no soy yo.

A veces pienso que entre más escribas sobre mí, menos me recordarás. Te irás quedando con esa que puedes dibujar, a la que la tristeza infinita la hace hermosa y no imposible de soportar; sobre la que puedes escribir ahora que se ha ido pero que si regresara te dejaría con la hoja en blanco.

Esa debe ser la magia de Ausencia, que entre más lejos está, mejor la puedes ver. Adelante, escríbeme hasta que me gastes, hasta que me saques, hasta que se te olvide cuánto te cansaba esa niña chiquita y malcriada, que a veces solo quería pájaros de origami y te exigía más regalos de los que podías dar.

Adelante, escríbeme hasta que inventes cada partecita y se te olvide que todo fue real.

Gracias por pasarte por aquí

Hoy por fin dejé de luchar. No borraré más fotos, no bloquearé más partes de mi cuenta en Facebook. Hoy acepto que serás siempre un pedazo de mí. En rinconcitos se quedarán los recuerdos de cuando quisimos que la vida se pareciera a un libro y lo planeamos juntos. Esos recuerdos son ahora parte de lo que soy.

Quédate en mí, que las huellas de tus dedos sigan en mi piel, que tus rayones no se borren de la parte de atrás de mi diario, que los libros que me recomendaste me sigan haciendo sonreír cuando los encuentro en una biblioteca, que cuando suene tu canción en un bar yo no salga corriendo sino que me quede a bailar. Sí, quédate todos los años que quieras, toda la vida, pero en paz. Como un recuerdo que no pese, que se quede callado, en esa que inevitablemente soy ahora. Como  hoja guardada dentro de un libro, que vaya cambiando de color con los años, como un camino en el que se comienzan a confundir tus huellas con las de otros.

Sí, me he demorado un poco. Pero hoy me siento a agradecer que nos cruzamos durante más de tres años, que caminamos de la mano, nos mostramos libros, canciones y recuerdos que a nadie antes le habíamos contado, y ahora caminamos colgando de otras manos. Y esas manos nuevas quizás nos quieren por las huellas que el otro dejó en nosotros.

Ya no te quiero borrar más de mí. En parte porque entendí que no es posible, en parte porque hay cosas que amo de mí que me las dejaste tú y no las habría podido dejar nadie más. Qué increíble que me presentaste a Julio Cortázar y me convenciste que debería ser una escritora, que me dijiste que era genial que saltara en los charquitos como una chiquita y que andara esperando regalos sobre mi cama. Que me dijiste que la voz de Ausencia era más fuerte de lo que había sospechado y que había que escucharla de cerca para saber quién soy.

Gracias por haberte pasado por aquí, por tus huellas en mí, las felices y literarias, pero también las tristes, las de dolor. A tu lado aprendí que el amor se cuida a cada paso y que las personas también se van.

Gracias.