Sin título

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A veces no sé si me quieres, muchas veces no sé si te quiero. Flotamos uno junto al otro porque allí caímos.

Cuatro semanas atrás tú no pretendías cogerme la mano y yo menos quedarme con ella, pero de alguna manera pasó. Dejamos que el tiempo siguiera y las manos se acostumbraron a andar juntas, los dedos a jugar, los besos a pasearse entre los días de lluvia.

Y sé que quedan 4 días en la Fría Ciudad y luego podré escapar.

A veces pienso que sólo para eso soy buena, para correr cuando tengo miedo.

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Escondidijos

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Me encanta como el Tiempo juega a las escondidas.

En principio me dediqué a contar 1,2,3,4,5… pero cuando los meses empezaron a pasar, me cansé, convoqué al olvido y seguí adelante, guardando recuerdos en alguna vieja caja, a veces con candado.
Y entonces, cambiaron las ciudades, los momentos, pasaron los amigos, los amores, como páginas de viejos diarios… y en el instante menos esperado, oi a lo lejos aquella voz saliendo de su escondite:
– ¡Por mí!
y me quedé mirándolo.
y me quedé mirándote…
¡Cuánto tiempo ha pasado! Me conociste como una colegiala riendo a carcajadas, yo te recordaba como un hippie de pelo largo y mirada tímida. Fui tu amor de verano y te di un beso porque tenía mucho que olvidar…
Ahora, en una ciudad desconocida para los dos, te vuelvo a encontrar.
– Cuánto has cambiado – me dices mirándome a los ojos – te ves tan grande
– y tú, te has cortado el pelo… – no encuentro más palabras
Caminamos por el centro, entramos a algún viejo café, hablamos del pasado… Y noto que tus ojos son cafés claros.
Me abrazas. Nos despedimos en la parada del bus…
Siento que el Tiempo comienza a sonreír maliciosamente, pensando en el juego que volverá a comenzar.
– Oye, ¿tienes algo que hacer el jueves? – te digo antes de subir.
– Planeaba volver a verte – Me respondes
Ay, Tiempo querido… ¡creo que ya he aprendido a jugar contigo!

Ya he hablado sobre esto

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Cuando mi celular comenzó a alumbrar sobre la mesa, lo tomé de un golpe y caminé hacia el parqueadero del restaurante

– Hola, ¿cómo estás?
– Muy bien, aquí con mis hermanos en los juegos del centro comercial, ¿y tú?
– Comiendo con mis papás, ya sabes, mañana día del padre
– Ah, claro…
– ¿Querías que habláramos de algo? – le dije para no perder más tiempo
– ¿Hay algo de lo que quieras hablar?
– Pues no, sencillamente estábamos borrachos y nos dimos algunos besos, eso es todo. Igual seguimos siendo amigos.
– ¡Súper me parece!
– Bueno, hablamos luego que mis papás me esperan en la mesa.
– Chao, que estés bien.

Por un instante me sentí tan adulta, capaz de hablar las cosas sin pelos en la lengua. Luego mi estómago comenzó a arder con fuerza, ¡qué extraño se sentía ser capaz de no sentir nada, qué extraño era llamar a eso madurez!

Si eso era crecer, preferiría haberme quedado 5 años atrás, con mi cabeza recostada en el hombro del primer niño que quise sintiendo como mi estómago daba mil vueltas.

De la mano, caminando a Cuba

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– Hagamos una cosa – le dije aburrida del silencio que se extendía por toda la invitación a comer luego de que el mesero había tomado nuestra orden – juguemos a las preguntas

– Está bien, pero si tú empiezas… – me respondió sonriendo.

Así comenzamos un juego que duraría toda la cena, me sorprendió que no era malo preguntando y además le encantaban mis respuestas.

– Te toca… – le dije luego de haber terminado hasta el postre.

– Ehh… – se mordió los labios como quien se esfuerza por sacar algo interesante de su cabeza – ¿qué es lo más grande que han hecho por ti, por amor?

***

Lo pensé por un instante, entonces te recordé. Hace tiempo no pensaba en aquellos días del que ahora parece un lejano pasado.

¿Te acuerdas Krum? Antes de que se enterrara todo en el olvido y cada uno hiciera su vida en otra ciudad, éramos la típica pareja de novios de secundaria, tú un enamorado iluso y yo una escritora principiante intentando entender qué era amar. Todos los lunes ibas a visitarme, juntos caminábamos por un helado hasta el centro comercial que quedaba a unas pocas cuadras de mi casa. Pero aquel día algo se complicó en el trabajo y llegaste a las siete de la noche. Era demasiado tarde para caminar hasta allá, quizás ya habrían cerrado el local.

Me abrazaste tiernamente y mirándome a los ojos, me preguntaste qué haríamos aquella noche. Lo pensé por un instante, sonreí y convencida te respondí que caminaríamos hasta Cuba, quedaste paralizado. Sospecho que te comenzabas a acostumbrar a mis arranques de locura pero aun sonrío al recordar tu cara.

– Ausencia ¿cierto que tú sabes que Cuba está rodeado de mar y no podríamos llegar jamás caminando?

– No me importa, hoy quiero ir a Cuba… – crucé los brazos y me quité de tu abrazo.

Terca como una niña malcriada, salí por la portería del edificio y comencé a caminar loma arriba. Tú, que habías tenido entrenamiento de fútbol en la mañana y luego trabajo toda la tarde, que sabías con certeza que yo vivía en la parte de abajo de una loma empinada y larga, saliste detrás de mí.

Nos demoramos 2 horas y media subiendo la loma, hacía frío y amenazaba con llover, además sabías que era bastante obvio que jamás llegaríamos a donde yo pretendía. Pero seguiste allí, todo el camino con mi mano entre la tuya, sólo porque a tu novia, así de repente, se le había ocurrido que quería llegar a Cuba esa misma noche.

***

– Alguna vez – le dije, aun sabiendo que jamás lo entendería – un niño del pasado me acompañó caminando a Cuba…

Antes de que él se quitara la cara de confusión de encima, comenzó a sonar mi celular. Mil mariposas se adueñaron en un instante de mi estómago, mis manos temblaron al acercarlas al bolso…

¿y si fueras tú?

Pensamientos de una mañana después

Jack Yong
Ayer le di un beso a alguien que apenas conocía. No había sido amor a primera vista, no me encantaba su manera de ser, no planeaba volverlo a ver, era sencillamente un casi desconocido.
Realmente no sé por qué no hice, pero si recuerdo perfectamente el instante en el que decidí que no movería la cabeza cuando él se acercara.
Pero entonces hoy amanecí preguntándome qué era realmente un beso. Porque se supone que cuando hay amor es algo maravilloso, yo lo sé… pero cuando no existe nada entre ambos, termina siendo un movimiento coordinado de labios y lengua.
Qué perdedera de tiempo, la próxima vez me compro una paleta de agua.

IDIOTA

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¡NO PUEDO CREER LO IDIOTA QUE ES! Es un niño de 12 años, es más… ¡NI SIQUIERA… de OCHO! Es increíble toda la energía que he invertido en esta amistad…

– Tú mamá me intimida, siempre siento que me está psicoanalizando… – Me dice saliendo de cine
– Eres demasiado empeliculado, mi mamá es de lo más normal – le respondo riendo
– ¡Pero no puedes negar que a veces ha dicho cosas muy ciertas de mí! – cruza los brazos
– Bueno, puede ser cierto… eso que no te imaginas lo último que me dijo. – En ese instante me arrepiento de haberlo insinuado.
– ¿Qué te dijo?
– No te voy a decir
– Dime!
– No te voy a decir, es una bobada
– Dime, dime, dime

(Media hora después y ya un poco más serio)

– Dímelo en serio.
– Que no te voy a decir nada, no me conviene, no quiero.
– Tú sabes que yo odio rogar…
– No te diré…

(10 minutos de silencio, él para un taxi)

Dos días después no me habla, no existo, me ha borrado del planeta. ¡Me impacta su capacidad de reaccionar maduramente!

¿SABES QUÉ PEDAZO DE PENDEJO? ¡MI MAMÁ SENCILLAMENTE ME DIJO QUE DEJARA DE SER BOBA, QUE TÚ ESTABAS TRAGADO DE MÍ!

¿Por qué no te digo?

Porque no le creo…