Ocho cosas extrañas que me han pasado desde que comenzó la cuarentena

  1. Descubrí que mi vecino del apartamento de abajo tiene una moza. Mientras la esposa está intentando que el niño ponga atención a lo que asumo que es una clase virtual, él se encierra en el baño a llamarla. No sé qué tienen nuestros baños, pero la conversación se oye perfecto. Sé que se llama Mariela, sé que se queja mucho. ¿Debería decirle a mi vecino que Mariela probablemente solo lo quiere por plata? 
  2. Nunca había regañado tanto a mis papás: “Papá, no salgas más, Mamá, no compres todo el papel higiénico de Pricemart, Papá, deja de fingir que tienes tos cada vez que te llamo, no es nada chistoso”. ¿Será así tener hijos adolescentes?
  3. Quise aprovechar el encierro para sentirme súper feminista y dejarme crecer los pelitos de las axilas. El impulso me duró hasta el día seis, cuando levanté el brazo y pensé que había un animal ahí. Me dedicaré a otras luchas feministas más sencillas que esa. 
  4. Acompañé a mi mejor amiga, por videollamada, a buscar papel higiénico por cinco supermercados de Sidney, Australia. Al final, cansada y sin saber qué hacer, le tocó comprar servilletas de fiesta de cumpleaños infantil. 
  5. Lei en redes una chica que decía que uno podía echar masa de pancakes a la arrocera y se hacía una torta de pancakes. Emocionadísima, quise hacer lo mismo, ahora la casa huele a humo y creo que tendremos que comprar otra olla arrocera. 
  6. Vi un video de cómo los murciégalos hacen pipí. Empiezan con las cuatro patitas agarradas a un rama, luego sueltan las dos patas traseras y así colgados dejan salir la orina. Parecía tan relajante. Ahí descubrí que estaba teniendo demasiado tiempo libre.
  7. Propuse hacer un reto gratuito de escritura de cuarentena a ciertos grupos de exalumnos de El Consultorio Literario. Lloré el resto del día sorprendida de la cantidad de gente que se animó, que quería pagar, algunos incluso más de lo que valía. (¡Una chica invitó a un grupo completo!) Leerlos se siente como estar acompañada de amigos. 
  8. ¡Dios mío! Nunca había lavado tantos platos y eso que solo somos dos. Al principio del matrimonio hicimos un trato, mi esposo se encargaría de limpiar la arena de los gatos y yo de lavar los platos, ¡qué mal negocio! Esos platos se reproducen dentro del lavaplatos, aparecen de lugares insospechados, parecen un virus más difícil de erradicar que el mismo coronavirus.