Reencuentros desafortunados

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Con la oscuridad de las 2 de la mañana encima de las discotecas, las calles agolpadas de gente tomando, unos pocos carros avanzando lentamente entre los estrechos espacios sin multitudes, caminábamos de bar en bar probando los shots más exóticos que encontráramos. Vodka con masmelos, tequila con gelatina, uno verde del que es mejor no preguntar…
Éramos cinco, ninguno estaba cerca a ser un amigo de toda vida, apenas los acababa de conocer, aún así me sentía bien. Estaba en mi ciudad, caminando por lugares que había visto millones de veces, sin esperar nada de la noche de viernes.
Cuando dos de ellos se adelantaron y se alejaron en la oscuridad, los tres que quedábamos seguimos caminando lentamente en medio de la calle, como si no existieran carros, como si no existiera nada más. Hacia nosotros, venía un grupo.
A punto de cruzarnos y pasar de largo, nos reconocimos.
Lo primero que vi, como una imagen borrosa, fue una camisa de cuadros, luego una mano agarrando a otra, lo último su cara.
Quedé petrificada, aceleré el paso por inercia, cuando él reaccionó:
– Hola! ¿Cómo estás? – dijo amablemente, incluso sonriendo un poco
Yo seguí caminando, casi pasé de largo. Luego torcí la cabeza hacia atrás, lo miré y, soltando palabras como ladrillos, le respondí secamente:
– Hola
“Qué tan antipática” supongo que pensó por su manera de mirarme, pero yo aceleré el pasó y no miré hacia atrás. Simplemente agarré del brazo a aquel desconocido que iba conmigo esa noche y lo apreté lo más fuerte que pude. Antes de entrar a la discoteca y viendo que aún no lo quería soltar, me preguntó:
– ¿Era tu ex novio?
– No
– ¿Tu ex cuento?
– No
– ¿Un enemigo?
– No, algo peor – intenté ignorar el nudo que se formaba en mi garganta – un ex amigo.
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Una vida de segundos

Los segundos que le quedaban al 13 de diciembre se desvanecieron en mis manos. De repente, en la pantalla, aparecieron los cuatro grandes ceros.

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Más rápido que un segundo, aunque fuese un segundo, quedaron ya tres ceros y un uno, luego un dos, un tres, un cuatro, un cinco…

Llevo 1 hora y 35 minutos mirando el reloj. Los primeros segundos del 14 de diciembre me han absorbido y, sabiéndolo, sigo mirado, hipnotizada.
Y así pasan mis primeros instantes con 21 años, pero con lo rápido que van… pronto estaré cumpliendo los 70.