Ciudades inundadas

Ciudades inundadas
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“Mi olvido entonces son ciudades.
Grandes ciudades inundadas”
Gonzálo Mallarino Flórez

Somos una ciudad inundada.

Los pájaros de papel
se han ido al suelo
y las luces amarillas
han dejado de alumbrar

Fuimos grandes.

Ahora nuestra ciudad
se me empaña en las manos.
A veces se resbala el agua
moja mis zapatos
y los pajaritos se ponen a chillar

Mejor la guardo en un cajón,
dejo que las luces titilen
– de color azul –
Y las nuevas ciudades se asomen
desde algún balcón

Ahora sé que el amor
se dibuja a cada paso
Y que no soy Poli
Pero no dejaré de amar

Y a veces me acordaré de ti.

Que me quisiste
y te quise
y también quisimos a algunos más

Intentaré
no abrir el cajón.

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Hablar de otras cosas

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Hablar de otras cosas
del viento que mueve las hojas de la plaza del pueblo,
la paloma volando encima de mi cabeza,
del sol sobre la hoja en la que escribo.

Hablar de otras cosas,
de la tranquilidad fingida en la que viaja mi lapicero,
mi espalda contra la iglesia blanca,
las uñas de mis dedos que debería ya cortar…

Hablar de otras cosas,
escribir de otras más,
para callar la piedra en la garganta que quiere explotar,
ahogar recuerdos de lágrimas ajenas
– dolores compartidos –
para no mirar a la iglesia blanca detrás de mi espalda
quemándome la piel.

Hablar de otras cosas,
escribir de otras cosas,
buscando silenciar las demás.

Ausencias

Me tapo los ojos con tres manos.

Dos mías

y una que me he inventado


Ha sido un robo

y tú,

temblando,

has amanecido manco


“Yo tengo tu mano”

te dijo en un susurro


Me la he llevado.


No finjas sordera

que tus oídos

así egoístas

así malagentes

aún se conservan


Cansada de caminar entre inventos

he robado tu mano

así,

al menos

las mías

ya no tiemblan

tanto

El hombre que le temía a la sopa

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Hace meses un cliente me decía

“Que nunca venga un plato hondo en esa bandeja”
Yo obedecía

Lo veía mirar por la ventana
deslizar los ojos en cada gota
y querer ser charco
o paloma

Adelgazó
supe que casi no comía
a sus huesos se abrazaba
la poca carne que le quedaba

El día que me dijiste
“Ya no me interesa estar contigo”
entendí al pobre hombre
y quise ser charco
o paloma

Perdí mi empleo
pues los clientes se quejaron
“Este mesero no trae mi sopa”

¿y, qué podía hacer?
Ahora que ya no te tenía,
tu recuerdo,
saltando desde un trampolín,
había caído
no en la mía
sino en todas las sopas
de la cafetería

Por el camino viejo

No fue capaz de ir al entierro, se encerró en su cuarto entre pesadillas e insomnios. Dejó de reir, se acabaron los chistes y las sonrisas. La más extraña culpa lo poseía.

Ella, desde algún lugar, debió preocuparse pues esa mañana en el espejo empañado apareció un extraño epitafio, un intento de agradecimiento:

Literalmente

Me mataste de la risa

Querido amigo

Un último respiro

Una final carcajada

Me llevaron de la mano

Al túnel

Fui agonizando

Entre risas y lágrimas

Y te podría llamar asesino

Y disfrutar cuando

Por la noche murmures


“Ella nunca se reía

Jamás de mis chistes

Ahora yace bajo tierra,

entre gusanos que

esperan

un último trago

que entre la garganta

quedó atrancado”

Pero fui cayendo al abismo

Ahogada de sonrisas

Y mi muerte,

Aunque sin aire,

Fue un evento feliz.

Así que gracias

Supongo

Sentarse a escribir

Las uñas a medio pintar

tantean con inseguridad
el lapicero negro
mientras el zapato
tiembla
una,
dos,
tres veces
Ella escribe incoherencias
y él mira la hoja en blanco
que se quedará blanca
como el vacío
vacío
Las sombras pensantes
los lapiceros que corren
una voz negra del “no podrás”
y ella,
que soy yo,
duda
tiembla
escribe
tacha
tumba bosques
y agarra ese cuaderno
con tanta fuerza
que sus dedos
de uñas a medio pintar
dejan marcas
junto a las sombras
El tiempo congela palabras en el aire
las quiere para él
las esconde tras dudas y miedos
El poema se detiene
tiene miedo
a ella
que soy yo

Lavando ropa vieja

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Mientras mi ropa se pudre en la lavadora, mi cabeza me grita que me tengo que parar de este portátil, recogerla y luego irme a dormir. Mañana nada me podrá despertar… Pero yo me he puesto a leer viejos poemas….

y no sé si es amor
o capricho
pero en medio de una canción
te doy un beso

La canción nos encierra
sus notas se cuelgan a los oidos
y el corazón se esconde
tras paredes de miedo y orgullo

Sólo queda el beso

(No sólo debería lavar la ropa, creo que algunos poemas no quedarían mal desapareciendo dentro de la lavadora y el agua sucia. Los poemas, los recuerdos que se han adherido a ellos y de paso a Camisa Negra)