Historias con canciones

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Te pedí que no me llevaras a mi casa. Me dijiste que podíamos tomar una cerveza, en el sitio de siempre. Parqueamos la moto y caminamos cogidos de la mano hasta el bar. Sabías que me pesaba el alma y quería llorar por él. Él me había hecho daño y yo lo había querido un montón. Sabías que no quería volver a él.

No quiero quedarme sentado, 
No quiero volver a tu lado
Creo me gusta así.
Ya paso el tiempo y espero saber por qué
Estando tan lejos no te quiero ver.

Pedimos dos cervezas y te dije que iría un momento al baño. Cuando volví, mirabas tu celular distraído. Estar allí podía ser la situación más extraña de mi vida, porque aún lo quería a él y tú lo sabías, porque quería estar contigo y aprenderte a querer, y tú también lo sabías.

Adentro llueve
y parece que nunca va a parar
Y va a parar.

Teníamos un miedo tan inmenso que llenaba todo el bar, se sentaba en las sillas y pedía cervezas. Como no sabíamos qué decirnos, decidimos darnos un beso. Entonces empezó a sonar una canción.

Ya no duele el frío que te trajo hasta acá
Ya no existe acá
No existe el frío que te trajo.

Y nuestro beso duró toda la canción.

Cantando a pesar de las llamas.
Lalalalala
Gritando con todas las ganas. 
Lalalalala

Nunca supe explicar lo que había pasado en ese momento. Pero ahora, cuando ha pasado el tiempo, por fin lo entiendo. Fue allí cuando entendiste que estaba triste y que iba a tomar tiempo en curar, fue allí cuando entendí que no te importaba, que ibas a luchar conmigo.

Gracias.

 

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Cuando la historia comienza con un wall

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Cuando pienso en el 12 de mayo del año pasado, recuerdo silencio. Mi universidad se había inundado por culpa del invierno y tomábamos clases en un colegio abandonado que quedaba junto a un cementerio; la mamá de la Lorena me había echado del apartamento después de confundir a mi hermano con un cliente del supuesto prostíbulo que ella imaginaba  yo manejaba en mi cuarto; Don Prohibido se negaba a dejarme de hablar, pero seguía sin querer terminarle a su novia; en el bus mis audífonos gritaban rock.

Aún así yo solo recuerdo silencio.

No sonaba el agua podrida de mi universidad, ni los gritos de la mamá de Lorena, ni los besos de Don Prohibido, ni la música en mis audífonos, ni las voces de los muertos en el cementerio.

Ese fue el principio de la mañana, la primera hora, la primera Ausencia.

Empezaba el bus a traquetear por el sendero del cementerio, mientras mi cabeza se apoyaba perezosa en el vidrio de la ventana. Las gotas pum, pum, la cabeza tran, tran y entonces comenzó a entrar la risa por entre los audífonos hasta mis oídos. Conversaciones, amigos, una guitarra, una batería, un cantante que me contaba (cantaba) que pasaría la tarde con sus amigos, entre cervezas, un sofá y una nula necesidad de cambiar el mundo.

¡Eso era lo que yo necesitaba! Limpiarme la melancolía como se quita el polvo de los abrigos viejos.

Y sonreí, sola. Una sonrisa para mí. Atrapé las carcajadas que se atrancan en la garganta cuando el mundo por un instante se vuelve sencillo y fácil de descifrar.

– Sí, querido Nickelback. Aceptaría su invitación a unirme a la tarde que propone en su canción. Dejaría las tristezas, los malos amigos, los gritos injustos, la lluvia de esta fría ciudad, y me iría hasta su sofá.

Fueron casi cinco minutos inmersa en la canción, donde supe que quizás no todo tenía que ser tan complicado. ¡Qué tremendo descubrimiento, la vida no era triste y tenía que decirlo, a quien fuera!

No creo que me tomara demasiado tiempo escoger a la persona, fue un de esos resortes que se le escapan al colchón de la vida y lanzan todo hacia otro lugar. Hace seis meses había conocido a un chico que puso esa misma canción en una fiesta en la que yo estaba aburrida. Un tipo gordito con el que esperaba solo tener en común esa canción.

Desde mi Blackberry, con el bus saltando al ritmo de la batería, lo busqué en Facebook. No fue uno de esos momentos en los que se sabe que la vida cambia, eso lo sé. Solo escribía un wall.

Empezar el día con This Afternoon, recomendado.

Él, desde su trabajo, la biblioteca, desde la casa de los abuelos, no se demoró en responder.

Es un poco confuso, ¿this afternoon in the morning?

Estábamos a cientos de kilómetros, cargados de melancolías, silencios, amores fallidos. Pero yo ya no estaba sola, alguien sabía que el mundo, durante 5 minutos, podía desdibujarse.

Creo que el día estaba nublado, yo lo recuerdo amarillo.

Cuando las obsesiones…

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Hace una semana estaba al borde de una crisis crónica de aburrición en la tienda. Era un domingo lluvioso y al parecer todos los clientes habían decidido pasar la tarde debajo de cobijas calientes y un televisor prendido.

Lejos de las voces de los 5 morbosos asesores hombres con los que me tocaba lidiar cada fin de semana, recostada contra un pequeña silla, miraba la vitrina e intentaba pensar en cosas, en lo que fuera. Quizás en el reencuentro del jueves anterior, en los adioses que tanto se idealizan y al final no son más que delirios de historias, pero nada se quedaba en mi cabeza.

Entonces uno de los asesores, el que me enseñó que los hombres evalúan los atributos de las mujeres basándose en la altura de los tacones y el tamaño del trasero, puso su USB en el computador de la tienda. Todos se reunieron alrededor el viejo computador y yo terminé por acercarme.

Tenía un largo playlist de las canciones que más le gustaban y algunos videos. Algo de Nirvana, Metallica, quizás Tracy Chapman y Led Zeppelin. Nada que me disgustara, nada que conociera demasiado. Desobedeciendo las órdenes de la empresa, el cajero cambió la monótona “música oficial de la marca” y llenó la tienda de rocksito. Algunos clientes entraron y yo me fui a atenderlos.

– ¿Tienen chaquetas de cuero?

– Si claro, todas las que están ubicadas a este lado son las de hombre, y estás son las de mujeres.

– Oh, ¡qué lindas están! ¿qué precio tienen?

Se lo dije, y el cliente salió corriendo de la tienda. Siempre sucedía. El caso es que volví a la caja, y empezaba un video de Guns n Roses, grupo que casi no conocía. Los demás asesores atendían y yo, sin nada más que hacer, fijé los ojos en la pantalla sin mucho interés. Alguien silbaba…

Shed a tear ‘cause I’m missing you
I’m still alright to smile
Girl, I think about you everyday now

Y entonces… ¡No puedo explicarlo! Me perdí, por 4 minutos se me olvidó todo lo que sucedía alrededor. Los otros vendedores se hacían millones y yo, con los ojos clavados en un rockero pelilargo, con pañoleta alrededor de la frente y brazos llenos de tatuajes…

Pasé toda la semana en un enamoramiento crónico, fue mi retorno obligatorio a la adolescencia cuando no se quiere crecer, ni salir de la Universidad, ni pensar en dónde trabajar. Me aprendí todas las canciones del grupo, compré un gran afiche que pegué en la puerta de mi habitación y cambié a todos los amores que alguna vez tuve por un Axl Rose que sacó un video el mismo año que yo nací.

– ¿Qué es lo que te pasa, Ausencia? ¿No ves que ese tipo tiene casi cincuenta años, está gordo, feo y gastado? – me dijo un primo riéndose de mis últimos tweets.

– ¡Pero es que yo me he enamorado del que silba en Patience, 21 años atrás! – le respondo, muy indignada.

Pero a escondidas, sin que nadie se de cuenta, yo también me rio de mí misma y de mi absoluta incapacidad de enamorarme de seres humanos reales y remotamente alcanzables.

Un borrón en mi cuaderno

Hay una canción que me gusta mucho, habla de un señor en un bar.

Él está tomando café tranquilamente y de repente se le acerca una mujer. Ella queda sorprendida cuando él dice no recordarla y le insiste que ellos dos fueron amantes alguna vez, que llegaron a vivir cosas importantes.

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Me temo que lo suyo sea un error,
yo estoy desde hace tiempo sin amor

y el último que tuve fue un borrón en mi cuaderno
Y ella le sigue repitiendo, que él le rogó que no se fuera, que lo vieron llorando por ella de bar y en bar. Pero él le vuelve a decir
Perdón,
no la quisiera lastimar
tal vez lo que me cuenta sea verdad
lamento contrariarla pero yo
no la recuerdo

Así me siento últimamente, necesité algo que me hiriera de corazón para reaccionar. A veces nos atamos demasiado a la historias, yo especialmente al tener delirio de escritora. Pero estar amarrados a eventos que ya se fueron y nunca volverán, no nos permite crear nuevas historias, seguir escribiendo la trama de nuestros días.

Entonces borré todas las fotos, los correos, los comentarios, los amigos en común, las canciones, los escritos y pude oír voces: “Uy, esa vieja si nos está dando demasiada importancia” pero ¿saben? es que ahora soy yo la que tiene que seguir, sus pensamientos estrellan contra mis paredes en blanco.

Esa noche me obligué a salir de la cama, aunque no quería. Me puse un vestido blanco, como los rastros de recuerdos que ya no quedaban y sin historias en la mano, salí a bailar con mis amigas del colegio. Entonces miles de historias nuevas comenzaron de repente.

Mientras decidíamos dónde entrar, en la dirección contraria, aparecieron todos juntos esos amigos que el tiempo se encargó de perder. La típica barrita del colegio, con los que aprendimos juntos a bailar, nuestros primeros novios, las primeras metidas de pata. Incluso Krum estaba entre ellos, y se sintió tan bien volvernos a ver, reírnos del pasado y volver a ser amigos.

Entramos todos juntos a una discoteca, a bailar, a darnos cuenta todo lo que el tiempo nos había cambiado y que al final, éramos los mismos.

Luego, entre la multitud, se cruzó una mirada conmigo. Quedamos paralizados. No teníamos por qué encontrarnos allí.

– ¿Tú qué haces aquí?
– Mas bien, ¿tú qué haces aquí?

y de esa nueva historia y de él, que es más bien Don Prohibido, mejor no hablo mucho 😉

Pero lo que pretendo decir es que no hay nada más absurdo que amarrar con nudos las historias que de nuestra vida ya se han ido. ¡Cuántas nuevas nos están esperando!

Aquellos que estén en las mismas, los reto a borrar. No es tan difícil, comiencen por lo material, luego unan la actitud y cuando oigan ESA canción que les recuerda todo, cierren los ojos con fuerza y dedíquensela al gato 🙂

Nota: No aseguro que borrar historias les vaya a evitar nuevos problemas, pero… ¡nada más rico que estrenar líos!

Nota 2: La canción es Amnesia de Santiago Cruz

Cuando llegó la vida me bajé de mí para no molestarla con preguntas.

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He empezado a ayudar a mi madre a escribir el libro que siempre ha querido publicar sobre infidelidad, creo que llega justo a tiempo la misión, he malgastado demasiado tiempo pensando en lo mismo (en el mismo) Ahora el propósito es clavar mente y corazón a la causa, con ello borrar lo que estorbe.

Canción prohibida: If it kills me…
Cosa que haré a continuación: creo que la pondré nada más una vecesita 🙂

Él publicó sabiamente – aunque no sepa en realidad de qué hablaba – una frase en facebook, “IM DONE” Bueno, supongo que yo estoy más que DONE, estoy fundida.

Cogeré un borrador bien bueno, agarraré mi corazón a la fuerza y me pondré manos a la obra a eliminar todo sentimiento pendejo. Creo que entre infidelidad y los líos idiotas de Amigo Inocente, me quedo con los cuentos amarillistas de amantes e hijos suicidados que mi madre quiere publicar.

¿Puedo igual oir una última vez la canción? 🙂

¿Quién es que era yo?

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Hoy, mientras caminaba por la ciudad buscando un banco para pagar cuentas pendientes, me puse a pensar en mí misma. Suena extraño, pero es que siento que quizás he olvidado quién soy.

Antes de irme de casa, hace ya dos años, tenía una idea de cómo definirme, tenía algunos parámetros, sabía que era una niña juiciosa, buena lectora, un apoyo para mi madre cuando la casa se tornaba en un caos. Sabía además que quería ser escritora, incluso nóbel, que estaba en contra de muchas cosas en el mundo, que casi nunca decía mentiras. Mi mamá, siendo psicóloga, no dejaba de afirmar que mi estado de salud mental no podía ser mejor, “estás lo suficientemente loca para afrontar al mundo, pero lo suficientemente cuerda para no dejar a un lado las responsabilidades”

Ahora, después de dos años de soledad, de caos, de salir de casa y cambiar de ciudad, no sé si aun sigo siendo alguna de aquellas cosas que me hacían sentir tan bien. Aunque sigo negándome a aceptar a un mundo cuadriculado y aburrido, esto, a mi edad, ya no parece estar tan bien. Mi mamá, lo siento a veces cuando hablábamos por celular y le cuento mis historias, no parece estar tan orgullosa de aquella niña que creía haber criado.

¿Quién creo que soy ahora? Bueno, son varios elementos los que siento que me definen en principio.

Distraída, elevada, ausente del mundo real.

Ayer en la noche no había nadie en casa, entonces entré a la cocina y me hice una comida deliciosa. Comí junto al computador y cuando terminé, sencillamente dejé el plato junto a a mí y seguí chateando. Pasó casi media hora y me empezaron a picar los ojos, intenté ignorarlo, pero a los 10 minutos ya sentía que no podía ni ver. Me asusté y levanté la cabeza del computador, ¡toda mi casa estaba llena de humo! No se podía ver nada, corrí a la puerta del apartamento buscando ver si era el edificio el que se incendiaba, pero no. Entonces lo recordé, jamás había apagado el aceite de las papás… La cocina estaba llena de humo, la olla estaba rostizada. Durante media hora la cocina había estado a punto de arder en llamas y mi casa se había llenado de humo, que estaba justo al lado, ¿cómo no me había dado cuenta?

Hace más o menos dos semanas algo similar sucedió; en un momento de distracción dejé el gas prendido en la noche. A las 7 de la mañana el citófono no paraba de sonar, furiosa e indignada por el atrevimiento del portero de llamar a esas horas de la mañana, me levante a contestar. El portero me comentó que varios vecinos andaban diciendo que un olor a gas llenaba todo el edificio, entonces lo sentí. Corrí al horno y efectivamente el gas se había quedado abierto. El olor a gas impregnaba toda la casa, tuvimos que abrir puertas y ventanas para que saliera… ¿cuánto pueden vivir 3 personas en una casa llena de gas?

y entre olvidar entregar trabajos, pagar la luz, perder 3 celulares en 4 meses, dejar dos días seguidos el cable del computador portatil conectado en la universidad, olvidar lavar la ropa, perder documentos importantes, ¿qué más puedo hacer sino aceptar que esto me comienza y termina por definir?

Incapaz de estar en silencio, miedo a la excesiva soledad.

Antes era feliz estando sola, en un pequeño apartamento lleno de hermanos hombres escandalosos y primos que parecían vivir allí, todo momento de soledad era apreciado con el alma. Me podía encerrar por horas en mi pieza a escribir, leer o sencillamente pensar, en silencio, en soledad. Ahora es diferente, la soledad es lo común, hablar con las paredes y conmigo misma cuando camino por las calles, es algo que ya hago por inercia. Amigo Inocente siempre me dice que hay una canción que siempre le acuerda a mí:

Me
Talking to myself in public
Dodging glances on the train
I know
I know they’ve all been talking ‘bout me
I can hear them whisper
And it makes me think there must be something wrong
With me
Out of all the hours thinking
Somehow I’ve lost my mind

(Unwell – Matchbox 20)

Pero entonces, con aquel miedo a terminar loca de soledad, busco desesperadamente huir de todo esto. Música siempre sonando duro en mi casa, todo lleno de gente que aunque no esté segura de que sean mis verdaderos amigos, al menos llenan espacios, al menos me permiten hablar con alguien real. Ahora, ya no me gusta la soledad, me da miedo, me da miedo el silencio, me da miedo que yo y yo estemos juntas demasiado tiempo.

Nada profundo en la cabeza, mariposas.

Quizás las categorías se estén tornando un poco duras conmigo misma, pero esa es la realidad que observo y este punto es que el ha llegado a mi cabeza hoy en la mañana. Realmente estaba en el baño, puse el CD que grabé hace poco para no bañarme en silencio y comencé a dejar la mente divagar. Estaba pensando en Pelo Largo y la manera en que lo usé para quitarme la soledad, en Amigo Inocente y el asustador hecho de creer estar enamorándome de él cuando el sólo me ve como una amiga, como su hermana, y en general, en pendejadas por el estilo. Entonces quedé paralizada, ¿hace cuánto sólo pensaba en amores? ¿desde cuándo mi cabeza sólo se llenaba de asuntos vagos y vacíos?

Ayer, luego del casi incendio de mi casa, la Niña con la vivo llegó con varios amigos. Luego de superar el asunto del humo, nos pusimos a hablar de comunicación social y de cómo esta carrera nos permite no hacer nada en todo el semestre. Entonces, Niña afirmó: “Ustedes no se imaginan lo sorprendente que fue ver a Ausencia estudiando este fin de semana, durante todo el tiempo que llevamos en este apartamento jamás la había visto sentarse a hacer un trabajo” Dentro de mi cabeza, mientras reía por fuera, pensaba “Ni tampoco leer un libro, hacer algo constructivo, meterle el alma y corazón a algún trabajo…”

¿y mi sueño de ser escritora? Olvidado en un rincón.

Yo no era así.
Pisando mi autoestima, andando cabizbaja.

Cuando llegué a esta ciudad, dentro de mi cabeza nadie era mejor que yo. Venía de la mejor ciudad del mundo, con las notas más altas, con una beca y una personalidad chispa, sociable y alegre, llegué con la cabeza alta, mirando de frente a los ojos de todo el mundo.

Ahora se me ha pegado aquel frío que llena a la gente de esta ciudad, aquel que se pega a la piel, a las manos, a la boca, al alma, a la personalidad y congela la sonrisa. Ya camino mirando a mis pies, evito mirar a los ojos a la gente por miedo a que sean ladrones de las grandes ciudades y ya no siento tan maravillosa, tan súperpoderosa.

“Eres una desordenada, nunca llegarás a ningún lado” me dice mi jefa del trabajo, yo asiento.

¿y mi fe?

Siendo católica de corazón, alma y crianza, hay que cosas que ahora me cuestan mucho más. En mi vida, por más increíble que peuda sonar, jamás falté a una misa un domingo. Las dos semanas pasadas hacía frío, el camino a la iglesia más cercana se hacía eterno y el imaginarme en esa banca, intentado hacer que mi saco me calentara más, me terminarón por convencer de quedarme en mi camita caliente, andando por facebook y haciendo nada útil.

Ahora Dios no me parece tan claro, tan real, tan palpable… ¿qué pasa?
¿Qué sigue aún?

– Sigo sin poder durar con un novio más de una semana, sin creer realmente en el amor y sin tragarme profundamente de alguien.
– Sigo sin entender lo de las amistades inocentes
– Todavía amo las gomas de osos jaja
– Aun no entiendo por qué la luna me persigue
– Sigo adorando con el corazón a mis amigas del colegio, a Maravilla, a Pokemon y a Tily.
– Sin remedio, sigo amando las comedias románticas y a Friends.

(Canción del día: Beautiful Mess – Jason Mraz)