Cuando las obsesiones…

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Hace una semana estaba al borde de una crisis crónica de aburrición en la tienda. Era un domingo lluvioso y al parecer todos los clientes habían decidido pasar la tarde debajo de cobijas calientes y un televisor prendido.

Lejos de las voces de los 5 morbosos asesores hombres con los que me tocaba lidiar cada fin de semana, recostada contra un pequeña silla, miraba la vitrina e intentaba pensar en cosas, en lo que fuera. Quizás en el reencuentro del jueves anterior, en los adioses que tanto se idealizan y al final no son más que delirios de historias, pero nada se quedaba en mi cabeza.

Entonces uno de los asesores, el que me enseñó que los hombres evalúan los atributos de las mujeres basándose en la altura de los tacones y el tamaño del trasero, puso su USB en el computador de la tienda. Todos se reunieron alrededor el viejo computador y yo terminé por acercarme.

Tenía un largo playlist de las canciones que más le gustaban y algunos videos. Algo de Nirvana, Metallica, quizás Tracy Chapman y Led Zeppelin. Nada que me disgustara, nada que conociera demasiado. Desobedeciendo las órdenes de la empresa, el cajero cambió la monótona “música oficial de la marca” y llenó la tienda de rocksito. Algunos clientes entraron y yo me fui a atenderlos.

– ¿Tienen chaquetas de cuero?

– Si claro, todas las que están ubicadas a este lado son las de hombre, y estás son las de mujeres.

– Oh, ¡qué lindas están! ¿qué precio tienen?

Se lo dije, y el cliente salió corriendo de la tienda. Siempre sucedía. El caso es que volví a la caja, y empezaba un video de Guns n Roses, grupo que casi no conocía. Los demás asesores atendían y yo, sin nada más que hacer, fijé los ojos en la pantalla sin mucho interés. Alguien silbaba…

Shed a tear ‘cause I’m missing you
I’m still alright to smile
Girl, I think about you everyday now

Y entonces… ¡No puedo explicarlo! Me perdí, por 4 minutos se me olvidó todo lo que sucedía alrededor. Los otros vendedores se hacían millones y yo, con los ojos clavados en un rockero pelilargo, con pañoleta alrededor de la frente y brazos llenos de tatuajes…

Pasé toda la semana en un enamoramiento crónico, fue mi retorno obligatorio a la adolescencia cuando no se quiere crecer, ni salir de la Universidad, ni pensar en dónde trabajar. Me aprendí todas las canciones del grupo, compré un gran afiche que pegué en la puerta de mi habitación y cambié a todos los amores que alguna vez tuve por un Axl Rose que sacó un video el mismo año que yo nací.

– ¿Qué es lo que te pasa, Ausencia? ¿No ves que ese tipo tiene casi cincuenta años, está gordo, feo y gastado? – me dijo un primo riéndose de mis últimos tweets.

– ¡Pero es que yo me he enamorado del que silba en Patience, 21 años atrás! – le respondo, muy indignada.

Pero a escondidas, sin que nadie se de cuenta, yo también me rio de mí misma y de mi absoluta incapacidad de enamorarme de seres humanos reales y remotamente alcanzables.

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5 comentarios en “Cuando las obsesiones…

  1. Yo creo que la música es un reflejo de nuestro estado de ánimo y si te has “enamorado” como una adolescente de ese rockero a lo mejor es porque te sentías identificada con lo que cantaba. O simplemente flechazo!! jaja ^^
    Todos tenemos nuestras épocas!
    Desde luego yo también necesito un poco de paciencia y más con comentarios como los de el asesor aquel: los hombres evalúan los atributos de las mujeres basándose en la altura de los tacones y el tamaño del trasero…
    Un saludo Ausencia =)

  2. Imaginativa! Déjame decirte que el asesor aquel era una porquería, de esos que lastimosamente lo dejan con cero ganas de querer a cualquier hombre… pero me repito todos los días “No todos son así, casi todos, pero no todos..”
    Del rockero, bueno… creo que tienes razón 🙂

    Un abrazo amiga!

  3. Querida Ausencia: Ante todo me excuso por haber decidido copiarme de ti y crear un blog desde el anonimato, aunque le estoy dando un uso algo diferente y lo estoy haciendo en inglés, confieso que me gustaría tener una opinión tuya sobre el mismo. Así que te invito a leerme y a seguirme, me cuentas qué te parece la historia.

  4. Aaaay Ausencia, ¿cómo es que apenas conoces a los gansos? jeje, en fín, no es ningún pecado enamorarse de imposibles, yo en alguna ocasión me desvelaba pensando en la chica que hace de Moze en Manual de supervivencia escolar de Ned 😛

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