Cinco razones surrealistas para quererte

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1. Mis brazos se estiran y estiran, intentando mantener agarrada tu mano a través de los kilómetros que dividen nuestras dos ciudades. Pero así es mejor, porque cuando vuelvo a la ciudad nos abrazamos como dos pulpos y ni nos damos cuenta de la gente que alrededor se ríe de nosotros y de nuestros brazos alargados como espaguetis.

2. Un día morirá Marcela Azul, tu personaje preferido. Te lo he dicho mil veces, eres responsable de ellos y eso de andar diciendo que se sirve tal cantidad de cucharadas de azúcar cada vez que se toma un café me parece alarmante. Pero no te preocupes, yo dejaré que tus historias sigan su curso y cuando llegue el momento tomaremos una pala y entre la tierra celebraremos su entierro. Sí, podrás sentir culpa por su inminente hipoglucemia o incluso podrás llorar… aunque sé que nunca lo haces.

3. Me gusta dormir sobre tu voz, cuando es lo único que tengo. A las diez de la noche me pongo la pijama, me meto debajo de las cobijas y marco tu número (siempre en ese orden) y el día se va quedando atrás mientras me voy cayendo profunda sobre las palabras adormiladas que remplazan tu hombro.

4. Era de noche, un domingo, y te faltaban 3 páginas para terminar un tonto ensayo sobre algún libro. ¿Para cuándo es el trabajo? te pregunté preocupada y me dijiste que para el viernes, sí, el viernes que ya había pasado. Entonces supe que si no tomaba por los pelos tu cargo de conciencia, seguirías eternamente enfrascado allí, en medio de la primera página. Y sí, aún lo tengo entre los dedos y me burlo de él cuando intenta escapar.

5. A veces planeo el secuestro de tu hombro. Nunca he logrado acomodar la almohada de manera que se parezca a ti y el sueño se ha vuelto un tema complicado, siempre a las tres de la mañana despierto como si no me hallara. Igual… ¿qué tanto podrías necesitarlo? Siempre hay gente por ahí, caminando sin hombro.

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