Ciudades inundadas

Ciudades inundadas
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“Mi olvido entonces son ciudades.
Grandes ciudades inundadas”
Gonzálo Mallarino Flórez

Somos una ciudad inundada.

Los pájaros de papel
se han ido al suelo
y las luces amarillas
han dejado de alumbrar

Fuimos grandes.

Ahora nuestra ciudad
se me empaña en las manos.
A veces se resbala el agua
moja mis zapatos
y los pajaritos se ponen a chillar

Mejor la guardo en un cajón,
dejo que las luces titilen
– de color azul –
Y las nuevas ciudades se asomen
desde algún balcón

Ahora sé que el amor
se dibuja a cada paso
Y que no soy Poli
Pero no dejaré de amar

Y a veces me acordaré de ti.

Que me quisiste
y te quise
y también quisimos a algunos más

Intentaré
no abrir el cajón.

15 cosas que no entiendo

1

  1. Nada sobre los amores que se van y los que llegan
  2. Por qué el trabajo se siente como estar encerrada en la esquina de un cuarto de juegos
  3. A la gente que quiere quitarse la vida, cerrando la puerta, quebrando un vaso de vidrio, dejándote afuera.
  4. A Dios, que se quedó congelado
  5. Lo mucho me duele aquello que no debería importarme
  6. Lo mucho que finjo que no me importa aquello que duele
  7. Por qué ese día no fuiste por mí
  8. La falta que me hace tener un editor
  9. Cómo hacer los papeles para aplicar a una universidad en el exterior
  10. A mamá
  11. Por qué aún cuelgan del techo los pájaros de origami
  12. Por qué esperaste tanto por mí y luego me vas dejando ir, así despacito.
  13. Los 13 de cada mes
  14. Esa ira que apareció hace poco y me hace temblar los dedos, apretar los puños.
  15. Cómo vive la gente toda la vida, con el corazón tan pesado.

Que no se te olvide querer bonito

12

Solo te pido que no se te olvide llegar cargando torpemente dos tazas de café y sentarte en la esquina de su cama para despertarla. Que no se te olvide decirle que se ve hermosa en las mañanas, a pesar del pelo desordenado y la piel dormida.

Que no se te olvide mirarla sonriendo cuando actúa como una niña chiquita y cree que nadie más la ve. Que no se te olvide apretarle la mano cuando sepas que tiene miedo o acariciarle la panza cuando lleguen los días de cólico. Que no se te olvide quererla cuando sospeches que quiere llorar.Que no se te olviden los besos en la frente, escribir cartas de amor, escuchar con cuidado las cosas que la hacen feliz, recordar esa canción que la pone a reír cuando está un poco triste.

Aunque yo me haya ido, solo te pido que no olvides cómo querer bonito a aquella que inevitablemente algún día ha de llegar.

Terminar

LALALA
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He intentado entender cómo se llega a esa noche en la que nos sentamos a tomar una cerveza y descubrimos que es el final, así como si nada. Pienso en la totalidad de momentos que tuvieron que sumarse para que, dos años después, alguno dijera tenemos que terminar, y el otro respondiera probablemente sí.

Cómo se dibuja un principio, como una promesa de encontrar algo – lo que sea – juntos. Cómo se comienza, se aprende, se soporta, se destruye, se repara, se finge, se ama, se decide que tenemos que terminar, porque ya es el final.

Ya es el final
Ya es el final
Ya es el final
(Así aún nos queramos)

Ya se acabaron las páginas en blanco, ya se acabó la tinta, ya se acabaron las fuerzas. Y yo quedo detenida en una especie de limbo. No lloro. Es como si todo estuviese en pausa.

No tiene sentido el drama, porque todo es correcto. Actuamos correctamente, como se-debía-hacer-porque-es-nuestra-responsabilidad-crecer-cada-uno-por-su-lado.

Estoy escribiendo por escribir, porque es escribir es más fácil que decidir en qué pensar y yo tengo la mente en blanco desde que llegue a casa, luego de despedirnos, porque no tiene sentido para mí que dos personas se juren amor eterno, le pongan nombres a tus futuros hijos, dibujen pájaros de origami por las paredes de la habitaciones, y luego, un día, cualquier día, luego de una cerveza, uno diga tenemos que terminar y el otro responda probablemente sí.

Este final parece de plástico.

Olvidarte-me

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A veces pienso en el momento en el que tenga que olvidarte, Ojos Amarillos. Sé que no se debe pensar en finales que aun no existen, pero hay días que me veo sentada al bordecito del final, y de repente me acuerdo que somos tan parecidos.

Cuando te vayas, haré lo que hacen todos. Borraré las fotos, intentaré convencer a Facebook que nunca fuimos amigos y crearé nuevas playlist que suenen a otros días. Estará bien por un tiempo. Pero luego no sabré qué hacer cuando te encuentre en la manera de acariciar los lomos de los libros cuando camine por una biblioteca, en el corazón arrugado a las dos de la mañana cuando termine un libro y por un segundo no sepa a qué mundo pertenecer, en las ganas de escribir cuando la vida se desarme.

Y me preocupa porque cuando la gente termina se tiene que olvidar de otras cosas, de otros gustos, de otras maneras de vivir. Pero si yo me tengo que olvidar de ti, sospecho que tendré también que olvidarme de los pedazos que mas me gustan de mí.

De esas conversaciones

sky

Ojos Amarillos y yo nos acostamos en el suelo de un parque de la ciudad. Él pone su cabeza sobre la tierra y yo la mía en su pecho. Nos quedamos mirando el cielo de la tarde.

– Me preocupa que ninguno de nosotros sepa cocinar – le digo de la nada
– ¿Por qué?
– ¿Quién va a cocinar en la casa?
– ¿Como que quién? ¡Tú! – me dice, buscándome pleito.
– ¿Ah sí? – me levanto y lo miro a los ojos – pues no, nuestra casa va a tener igualdad de condiciones. Los dos cocinamos y lavamos.
– O… tenemos mucha plata y contratamos tres empleadas.
– ¿Tres mujeres empleadas? – él asiente sonriendo – pues no, una empleada y un chef.
– Me parece justo
– ¡y que se enamoren! – sonrío ridículamente
– Jajaja! ¿Ya le metiste historia?
– Síi, ¡te imaginas, demasiado romántico!
– Hasta que un día pelean y él la envenena a ella en la cocina
– O nos envenenan a nosotros dos para quedarse con nuestra casa…..

Los dos ponemos la mirada solemne de quienes saben cómo van a morir.

– ¿Y si mejor tú lavas y yo cocino?