Conversaciones en el río Cauca

Un zapato café cuelga del cable que cruza de lado a lado el río Cauca. Se mueve con el viento. Debajo de él, pasamos nosotros en lancha. Los cinco, porque Esteban no vino porque tenía que estudiar (aunque yo no recuerde nunca haberlo visto estudiando).

Pasamos los cinco y Ari, la novia de Fico. Y Jesús, que maneja la lancha y sonríe incómodo cuando mi mamá dice que su nombre es una señal de que todo saldrá bien. Y Andrés, el asistente de la lancha, que mira con ojos expectantes el Dron que mi papá se prepara para elevar.

Vamos pasando debajo del zapato, que cuelga de unos cordones que alguna vez fueron blancos. Las montañas, a lo lejos, parecen murallas azules y un grupo de reces blancas nos vigilan desde la orilla. Una guadua pasa flotando junto a nosotros.

“Jesús, ¿qué es lo más raro que se han encontrado flotando en el río?”, le pregunto, girando la cabeza hacia atrás.

“Animales muertos, basura…”

“¿y cadáveres?”

“Ah sí, muchas veces”

“¿En la época de la violencia?”

“Y también después de lo de Armero, y hace poquito con la tragedia de Salgar. Eso salíamos con la lancha de la Armada y recuperábamos un montón. Un día fueron hasta 87, todavía me acuerdo .”

“¿Y venían completos o por pedacitos?”

Mi mamá voltea a mirarme, sorprendida.

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