Había una vez, en el colegio…

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Durante la época de colegio, había una sensación que nunca se me quitaba, y era la de sentirme atada por un alfiler a una silla en la que no quería estar, obligada a poner atención a un tema del cual rara vez quería aprender. De esa manera nació el cuaderno azul, un montón de hojas en donde desahogaba mi desespero mientras las profesoras juraban que estaba tomando nota atentamente.

Hace unos días lo reencontré y pasé horas leyéndolo. Me hizo sonreir TANTO que decidí compartir con ustedes un relato escrito allí.

16/02/2006

Estábamos en clase de filosofía cuando de repente un gran dinosaurio verde con su enorme pata destruyó el techo del salón. Cada una de las alumnas quedó boquiabierta mirando aquel grandísimo animal verde, casi como si pensaran que había sido sacado de la imaginación de alguna de las alumnas distraídas.

El dinosaurio se sacudió su cabellera totalmente roja e increíblemente parecida a la de la niña que hacía nada había pasado frente a la ventana, luego con una voz más agua de lo que nos hubiésemos imaginado, dijo:

“He sido llamado de repente por alguien con urgencia de imaginación…”

Pero antes de que alguna pudiera decir algo, el tiempo se empezó a devolver, las piezas del techo volvieron a su lugar y el pie del dinosaurio se quito de encima del primer puesto de la primera fila.

En un instante nadie recordaba nada, tan solo aquella que con su imaginación lo había llamado. Ella era la única que sonreía al pensar que la clase había sido más divertida para si que para las demás.

A veces extraño a quien solía ser 🙂

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8 comentarios en “Había una vez, en el colegio…

  1. Graciaaaas jaja! Uds se pueden imaginar el estado de autismo en el que me hallaba para escribir tal cosa? jaja, un abrazo para toods!

    Jauro, mira que el cuaderno azul alcanzó incluso hasta los primeros meses de la universidad. Cuando se acabó, inmediatamente compré otro… pero, no sé… no le cogí el cariño necesario y lo abandoné 😦

  2. bueno, quizá ahora tengas un cuaderno marrón ausencia. Puede que tu presencia desnuda te espere detrás de uno de estos post y seas. Si ya no eres capaz de llamar desesperada a la imaginación, deja que lo haga yo por ti.
    Imagina… que esa niña sigue aquí.
    Imagina… que se colocó los títulos y los abrazos como los zapatos de tacón de su madre.
    Imagina… que te miras al espejo y te reconoces.
    Imagina… y sé.

  3. jajaja…yo ya ni leo mi diario de aquella epoca…siento una tremenda verguenza ajena…ahhhh noooo…terrible…yo si no extraño quien era…cielos tengo que hacer algo con ese diario si llega a caer en manos malevolas (como la de mis hermanos) estoy perdida…podrian chantajearme de por vida, amenazandome con hacerme pasar verguenza…nooooo!!!Pero si no niego que le tengo cariño, aunque siento verguenza me da una risa, me rio de la marie adolescente y por eso aun guardo mi diario…de vez en cuando es bueno leerlo asi si me siento patetica en algun momento de mi vida, leo mi viejo diario y me reconforta saber que no puedo serlo tanto como en aquella epoca jajaja.
    Me encanta tu blog…te sigo tambien.
    Kisses!!

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