Sin título

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A veces no sé si me quieres, muchas veces no sé si te quiero. Flotamos uno junto al otro porque allí caímos.

Cuatro semanas atrás tú no pretendías cogerme la mano y yo menos quedarme con ella, pero de alguna manera pasó. Dejamos que el tiempo siguiera y las manos se acostumbraron a andar juntas, los dedos a jugar, los besos a pasearse entre los días de lluvia.

Y sé que quedan 4 días en la Fría Ciudad y luego podré escapar.

A veces pienso que sólo para eso soy buena, para correr cuando tengo miedo.

Llueve

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Mientras corro a través de las gotas no pienso en nada. Dejo que mis zapatos se hundan en los charcos de agua, que la lluvia deje mi pelo tan mojado que parezca negro.
Estiro los brazos y miro al cielo oscuro, doy vueltas y vueltas. Giran las nubes con mis manos.
Comienzo a reir como si no existiera más, me rio del amor confuso, de la vida rara, de la lluvia que moja los zapatos que lavé ayer, del trabajo que aún no termino.
Me rio de mí, por estar muerta de la risa en una calle sola y oscura, por estar mojada. Me rio del camionero que se ríe de mí…
Y soy feliz así, sola… saltando en la lluvia.
Y siento como ella lava la máscara que llevo puesta. Pedazo a pedazo va cayendo al suelo todo lo que he sido y no quiero ser.
Paso decidida por encima de los miedos, mentiras y fracasos que van quedando en la acera.
No miro atrás.
Sonriendo,
camino hacia adelante
entre las gotas de lluvia fría
de esta Fría Ciudad

Una vida de cemento

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Recuerdo un ejercicio de clase de gimnasia en el colegio. La profesora llevó a todo aquel ruidoso y desordenado grupo de niñas de 10 años al muro más lejano del colegio. Un muro gris de concreto, tan alto como para que nos fuese imposible escapar.

Entonces nos pidió que pusiéramos nuestras manos contra el cemento. Cada una de nosotras miró hacia los lados, preguntándose qué pretendía hacer la señora. Aún así, y porque en el colegio mandan todos menos uno, hicimos caso.

Una mano
otra mano
el muro

– ¡Ahora – nos dijo, levantando la voz – empujen lo más fuerte que puedan, hagan que el muro se mueva!

Recuerdo, más allá de nuestras caras y comentarios, el sentimiento de impotencia.

Fuerza
impulso
desespero
las piedras dejando marcas en nuestras manos
los dedos fundiéndose con las sombras del muro

Pero ante todo,
más que todo,
estaba la certeza
que jamás moveríamos
ni un solo centímetro
del muro
que nos separaba de la libertad

¿y si la vida consistiera sólo en eso, en empujar muros que jamás se moverán?

Escondidijos

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Me encanta como el Tiempo juega a las escondidas.

En principio me dediqué a contar 1,2,3,4,5… pero cuando los meses empezaron a pasar, me cansé, convoqué al olvido y seguí adelante, guardando recuerdos en alguna vieja caja, a veces con candado.
Y entonces, cambiaron las ciudades, los momentos, pasaron los amigos, los amores, como páginas de viejos diarios… y en el instante menos esperado, oi a lo lejos aquella voz saliendo de su escondite:
– ¡Por mí!
y me quedé mirándolo.
y me quedé mirándote…
¡Cuánto tiempo ha pasado! Me conociste como una colegiala riendo a carcajadas, yo te recordaba como un hippie de pelo largo y mirada tímida. Fui tu amor de verano y te di un beso porque tenía mucho que olvidar…
Ahora, en una ciudad desconocida para los dos, te vuelvo a encontrar.
– Cuánto has cambiado – me dices mirándome a los ojos – te ves tan grande
– y tú, te has cortado el pelo… – no encuentro más palabras
Caminamos por el centro, entramos a algún viejo café, hablamos del pasado… Y noto que tus ojos son cafés claros.
Me abrazas. Nos despedimos en la parada del bus…
Siento que el Tiempo comienza a sonreír maliciosamente, pensando en el juego que volverá a comenzar.
– Oye, ¿tienes algo que hacer el jueves? – te digo antes de subir.
– Planeaba volver a verte – Me respondes
Ay, Tiempo querido… ¡creo que ya he aprendido a jugar contigo!

Gracias

Por aparecer en el momento justo y entender que necesitaba un amigo, un abrazo, alguien que me escuchara llorar.

Por no cambiar de tema, no hablar de ti unos segundos y arrancarme con las uñas esta soledad que duele tanto, este dolor que no se quita aunque los meses pasen…

Por limpiar las paredes de mi alma de recuerdos sucios y gastados y fingir que nos conocemos de toda una vida. Por olvidar que hace apenas 2 semanas me sé tu nombre y aún así tratarme como a tu hermana menor.

Y puede que no seamos amigos para siempre, que después de un tiempo no nos volvamos a ver… Pero no olvidaré como anoche me dijiste:

«Tranquila, si quieres puedes llorar»

Historias de casi ficción

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Me levanté de la cama cuando aun las cobijas reclamaban mi presencia. Caminé perezosamente hasta la cocina, pasé por el lado del espejo notando que aun llevaba la misma ropa de ayer. Mis ojos, llenos de pestañina regada, parecían no querer despertar; de mi pelo, de eso mejor ni hablar.

Salí de la cocina con un tazón de Zucaritas en mi mano y una bolsa de leche sin abrir en la otra. Me senté y noté que debajo de la puerta se asomaba un ejemplar del periódico.
– Tan raro, yo no tengo una suscripción a ese periódico.
Aun así, y con la poca pasión por el periodismo que a veces se despierta en mí, corrí a recogerlo. La muerte del Mono Jojoy en primera plana, un poco más abajo algunos partidos de fútbol, un comentario de un político tonto, Piedad Córdoba destituida… pero antes de cerrarlo, un titular en la esquina llamó mi atención, mi estómago dio tres vueltas antes de comenzar a leerlo:
HOMBRE HERIDO A MANOS DE DOS UNIVERSITARIAS
 
En las horas de la noche, en un bar recién inaugurado a las afueras de la Fría Ciudad, se reportaron serios disturbios. La Policía tuvo que allanar el lugar. Un joven de 22 años fue retirado en ambulancia, las jóvenes responsables permanecen en libertad luego de ser interrogadas. Los hechos no están claros aún.
 
«Yo no sé, esas viejas llegaron todas agresivas a pegarme sin razón alguna» afirmó la víctima mientras era llevado a la ambulancia, «la primera intentó ahorcarme y cuando me la lograron quitar de encima y llevársela, llegó la segunda a empujarme. Me dejó tirado en el suelo. Yo no estaba haciendo nada malo»
 
Los disturbios se iniciaron alrededor de las 8 de la noche. Laura Yomo, estudiante universitaria y testigo de los acontecimientos le informó al periódico cómo comenzó todo: «Yo estaba con Carla, una amiga. Nos acabábamos de encontrar en el bar de enfrente y caminamos hasta la barra de este bar. Ella me estaba contando que le gustaba un niño que estaba justo al lado. Cuando el niño comenzó a acercarse a nosotras, Juana salió como loca a ahorcarlo. Él tenía un escapulario en el cuello y prácticamente se lo arrancó… Yo realmente no entiendo lo sucedido, porque Juana es muy amiga de Carla»
 
Según testigos, cuando logró arrancarle el escapulario a la víctima, Juana salió corriendo hacia el baño y se encerró allí. Mientras unos corrían al baño a intentar entender qué sucedía, la víctima se paró de la barra mareado y comenzó a caminar rumbo al interior del bar.
 
«Yo intenté caminar hacia él, para pedirle disculpas por lo sucedido, relató Carla, y entonces vi como venía Ausencia (Oh, Dios!) como loca directamente hacia nosotras. Preferí ir al baño por Juana, a ver si me devolvía el escapulario, porque Ausencia parecía imposible de detener»
 
El bartender del sitio, Álvaro Torres, estaba bailando con Ausencia cuando esta de repente comenzó a correr hacia la víctima. «Yo estaba normal, bailando con ella… ella ya se habían tomado dos botellas de aguardiente, pero estaban bien. De repente la veo que se comienza a poner roja de pies a cabeza, deja de bailar y sale corriendo hacia un tipo con un saco de rayas azules y rojas»
 
Varios testigos afirman que Ausencia empujó al hombre al piso de piedras y lo insultó por lo menos 10 minutos seguidos. «Lo más extraño de todo, afirmó Laura Yomo, es que ninguna de las dos niñas presenció como la otra le pegaba. Tanto Juana como Ausencia reaccionaron de la misma manera al ver a la víctima hablando con su amiga»
 
«Eso seguramente fue una pelea de celos, típica pelea de viejas por un tipo» afirmaron varios clientes del sitio.
 
Las responsables de los disturbios fueron retiradas inmediatamente del sitio, ninguna de las dos ha hecho declaraciones hasta el momento. Lo más cercano fue el grito que pegó Ausencia, y al que se le unió Juana, cuando eran retiradas a la fuerza por la policía:
 
«¡No te vuelvas a pasar por aquí, malparido!»
Solté el periódico temblando, subí corriendo al segundo piso del apartamento donde Juana dormía profundamente. Volví a bajar, cogí mi celular y rogando tener un minuto, borré varias veces lo que escribí hasta que finalmente lo envié:
«Carla, llevamos 3 años viéndote llorar por él… estábamos cansadas de que te hiciera daño…»
—–
Nota: Esta historia es ficcional
Nota2: Carla, en serio lo sentimos…

Para mi hermano menor

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Una promesa que finalmente te cumplo…

En la oscuridad de la sala, demasiado tarde para poder a hablar en voz alta, mi hermano menor se acercó a preguntarme qué hacía. Era nuestro ritual diario, ninguno de los dos podía dormirse temprano en vacaciones

-Ay Cofi, es que hace varias semanas no publico ninguna entrada en mi blog – suspiré con tristeza y luego agregué – siento que en mi vida no pasa nada interesante.

Él, con unos 15 años tan bien llevados que de alguna manera extraña me hacen sentir que es más maduro que yo, cruzó los brazos y se sentó a mi lado pensativo. Yo dejé de ponerle atención, hasta que me habló de nuevo:

-Está bien – me dijo suspirando profundamente – te presto la historia de Susana y yo para que la cuentes en tu blog

Primero me quise reir, luego pensé por un instante. A él le gustaba hablar de ella y a mí… bueno, a mí me gustaban las historias de adolescentes y no tenía nada más sobre qué escribir.

-Es un trato – le dije abriendo una nueva entrada – pero tendrás que contarme toda la historia otra vez

-Ausencia, pero si prácticamente te la sabes de memoria – me dijo esperando que le insistiera un poco más

-Eso nunca basta para un escritor, hermano mío.

Supongo para él eso fue suficiente insistencia, en un instante ya había retrocedido 6 meses y comenzado a hablar. Yo sencillamente empecé a copiar, trasladando paralelamente su historia de español adolescente a español normal

“Algún día la vi en un pasillo. Julián me dijo que parecía ser muy querida y a yo coincidí con él, además de ser demasiado linda. Acababa de llegar de otro colegio y estaba en séptimo, un año menos que yo. Nos volvimos amigos inmediatamente, no tengo muy claro por qué,supongo que a ella le gustaba llorar y a mí no me molestaba calmarla. Incluso me sentía orgulloso que fuera a mí, y no a cualquier otro pendejo, al que llamara.Eso que tengo que admitirlo, cuando se ponía demasiado llorona o dramática en el teléfono, yo pretendía oírla mientras me metía al computador.

Si tuviera que definirla con una palabra, tendría que ser dramática. Siendo la hija menor de un matrimonio divorciado, con dos hermanas mayores que prácticamente ya habían hecho su vida aparte y una personalidad demasiado explosiva, los líos que ella misma se armaba para llamar la atención eran bastante grandes. Pero así la aprendí a querer y nos volvimos inseparables, ser su mejor amigo tenía sus privilegios.Mi grupo de amigos cambió y conocí a muchísima 9gente, el colegio ya no me parecía tan aburrido después de todo.

Un día, luego de tres meses de observarnos detenidamente, Sara, su mejor amiga, se me acercó durante el recreo:

-Te deben haber preguntado mil veces, pero ¿cierto que a ti definitivamente no te gusta Susana?

-¡Que no! Ya estoy harto de que me pregunten – y de esconder que en realidad si me gusta, pensé para mis adentros – somos sólo dos mejores amigos, ¿por qué la gente no puede ver a un hombre y a una mujer ser solo buenos amigos?

Ni yo creía en lo que le decía, pero ¿qué más podía hacer? No sólo era ella, todo el mundo me preguntaba. Y si no lo hacían era porque lo daban por hecho. Mis hermanos, mi hermana, mis amigos, sus amigas, nadie me dejaba en paz. Por eso, cuando Sara me preguntó quise decirle la verdad, salir de eso. Pero guardé silencio, esperé que ella hablara:

-Yo sé que si te gusta – se enredo el pelo entre el dedo mientras esperaba que yo lo negara todo otra vez y dejó un poco de suspenso en el aire antes de completar – Igual a ella le gusta alguien de tu salón.

Claro, sólo eso me faltaba, Susana tragada de otro niño que seguro la haría llorar y yo seguiría como el idiota calmándola y sin poder decirle lo que sentía. ¿Quién podría ser? ¿algún amigo mio, cualquier equis del salón, uno de mis enemigos?

El siguiente descanso me acerqué a ella con la firme intensión de salir de las dudas.

Ella sencillamente se negó a contarme, lo cual me pareció muy extraño… Susana nunca me escondía nada.

Pasó un largo fin de semana, después del cual llegó el esperado lunes. Ni siquiera recuerdo cuál fue la primera clase de aquel día, sólo sé que mi estómago no se quedaba quieto, se me acababa de ocurrir algo que nunca había pensado: ¿sería yo aquel nuevo amor de mi mejor amiga?

Lo hablé con un par de amigos y trazamos un plan.

-Susi, a mí también me gusta alguien – le dije en el primer descanso

Ella me miró con curiosidad, luego bajó los ojos al suelo para preguntar:

-¿Si? ¿quién es?

-Sólo si tú me dices quién te gusta a ti, yo te digo.

Yo supe que ella diría la verdad, por eso decidí que yo no lo haría.

-Él es de tu salón

-Ella es de séptimo, pero no del tuyo

-Él se sienta con nosotros

-Ella no

-Él es amigo de Julián,

-Ella de Natalia

-El de Santiago,

-Ella de Susana

-El de Geometría…

Un amigo imprudente, a quién le había llegado la conversación a los oídos, afirmó burlándose:

-Eh… Susana, solo le falta decir que es Cofi.

Ella se puso muy nerviosa, lo miró feo y no me dijo nada. Yo sencillamente me paré, le dije a Pava que se encargara y me fui a otro lugar. Para el tercer descanso Pava me tenía toda la información

-Si es usted Cofi, aproveche que parece que ella quiere algo serio.

En la tarde la llamé a su casa:

-¿Podemos vernos para hablar?

-No, no puedo

-Pava me contó todo

Ella se quedó callada, colgamos. Me quedé sentado junto al teléfono algunos minutos después, me intentaba parar pero algo me ataba a esa silla. No lo aguanté y marqué el número de nuevo, mi corazón latía a mil.

-¿Aló?

-Está bien Susi, lo acepto. Eres tú la que me gusta.

Vino un incómodo silencio, quedamos en hablar al día siguiente.

En el segundo descanso nos sentamos juntos en una manga, a los lejos todo el mundo nos podía ver. Lo hablamos todo, por fin nos decíamos lo que sentíamos de frente y no a través de los chismes.

Le di un beso, luego le pedí que fuera mi novia. Antes de que sonara el timbre, le di otro. Salí sonriendo a clase, sonriendo como un completo idiota inocente de la maldad femenina.

Pero aunque el amor nos haga ciegos, las personas son lo que son inevitablemente. Eso lo entendí después, exactamente 24 horas después, cuando ella llegó confundida.

-¿Confundida con qué? – le pregunté indignado

Me dio una de esas explicaciones que solo las mujeres parecen entender, nada con mucho sentido, como ella misma. Luego me terminó, así como si nada. Allí mismo la dejé hablando sola.

Pasé meses triste, incluso mi hermana mayor, que no suele saber mucho de mí, se aprendió la historia de memoria.

Después de terminar, la amistad nunca volvió a ser la misma, eso lo que ahora más me duele. Ella sigue armando líos, pasando de tipo en tipo, siendo el chisme del colegio, emborrachándose, siendo nuestra novela personal. Ya nos reímos un poco cansados de su drama. Pero a veces, cuando llora, sé ya no me llama a mí, y eso, nada más de vez en cuando, me hace extrañarla…”

El sonido de la puerta de mi madre nos hizo saltar a ambos, aun con 20 y 15 años le tenemos miedo cuando sabemos que por nuestra culpa se ha despertado.

-¡Qué son estas horas, yo tengo que madrugar y no me dejan dormir! – nos gritó desde el pasillo – Además, Cofi tiene colegio mañana. ¡A la cama los dos!

Cuando cerró de nuevo la puerta, ambos nos dirigimos a nuestros cuartos. Pero justo antes de entrar, notando que aun pensaba en ella, intenté decirle algo, lo que fuera, para hacerlo sentir mejor.

Al final decidí guardar silencio. Hablando sinceramente, ¿qué autoridad moral puedo tener yo en temas de mejores amigos y novios de una noche?

-Hasta mañana, Cofi

Un segundo, 6 milésimas

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Nuestras miradas retadoras chocaron, líneas de electricidad viajaban entre los dos. Él agarraba con ira el manubrio y yo seguía allí, en medio de la autopista, con mis hombros caídos, cara de sueño y cero ganas de mover los pies.

Segundos antes todos los demás había cruzado la calle corriendo, temiendo a aquella camioneta último modelo que seguramente ignoraría el paso peatonal. Yo, que aun no despertaba, no aceleré el paso. Todo lo contrario, me detuve.

El sonido del freno de emergencia llenó el aire.

Lo segundos caían al suelo como pedazos de hielo.
Yo no me movía,
no
lo
haría

En su frente veía como su paciencia se agotaba
pum pum
pum pum
corazones latientes
Su ira en mi frente

Esperé un poco más,
un
poco
más

Luego seguí andando lentamente con mi caminado mañanero, hombros caídos, brazos pesados, piernas trabajando por inercia.

Llegué al otro lado y oí detrás de mí el acelerador forzado, las llantas contra en pavimento mojado.

Y me rei,
¿qué le pasa a toda esta gente que anda con tanto afán?

Deberían ir a mi
rrrrrrriiiiittttmmmmmmmmmmooooo
mañanero

El hombre ideal

Me monté al bus para volver a casa cuando ya oscurecía. Detrás de mí se sentó un joven de mi edad.

No habíamos recorrido más de dos cuadras cuando le sonó el celular. No pude evitar escucharlo, hablaba como para todo el bus.. y si, soy un poquito metida.
– Hola amor! No te preocupes, ya estoy en el cine haciendo la fila para comprar las boletas.
Instintivamente giré la cabeza y lo miré con los ojos muy abiertos como diciéndole sin palabras: «¡Qué te pasa, tienes problemas o qué! Estamos en la calle 180 montados en un bus… no será que estás alucinando?
Me resigné a saber que hay gente mentirosa en la vida y volteé mi cabeza. No pasaron más de 10 cuadras cuando volvió a sonar el celular.
– Guapa! ¿cómo estás? Si claro, ya voy en la calle 127, no me demoro.
Volví a girar la cabeza y esta vez no pude más que reírme, «no eres más patético amigo porque no se puede!»
Me bajé del bus cuando él seguía pidiéndole a Guapa que le mandara un beso… y me imaginé a Amor esperando las boletas, y a Guapa jurando que llegaría pronto…
Esperen amigas mías, con mucha paciencia, que al pobre le falta cruzar la mitad de la ciudad. Y las felicito, están con el hombre ideal…
Que envidia… ¬¬

La pared de los recuerdos

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Imaginé que entraba 15 años después a aquel lugar. Un letrero de «se vende» habría quizás llenado de incertidumbre mi paso por aquella pequeña y sucia calle, la más vieja de la Ciudad Fría. Seguramente miraría algunos minutos la fachada, dejaría que mi mente girara entre remolinos de recuerdos, y luego preguntaría si sería posible echar un vistazo adentro.

Caminaría por entre las mesas rotas, cubiertas de sábanas blancas como en las películas viejas, sentiría el olor a chicha corriendo aun por los pasillos, y luego subiría por aquella estrecha escalera hasta el segundo piso. Seguramente no habría nada allí, solo un lejano anhelo de música viniendo del techo y claro, la gran pared al lado de la ventana cubierta por un plástico negro, el cual yo quitaría delicadamente sin que el dueño se diera cuenta.

Y allí estarían, incrustados aún en la pared, miles de recuerdos de miles de personas en marcador negro.

Por aquí pasaron los tres parceros
El que se enamora pierde
El gobierno no existe
María y Pedro, amor por siempre
Carlos Serrano, algún día te superaré
El profesor de argumentación es gay
Aquí nos volveremos a ver en 1 año.
Recuerdo de la primera mujer de Gacha

y en la esquina de la ventana, borrado por el viento y la lluvia de la ventana abierta, estaría la ilegible la frase que 15 años atrás escribí.

Despierto, estoy aun 15 años atrás. Mi marcador negro tiembla en mi mano mientras miro lo que he puesto en permamente. Mis 2 amigas suman algunas frases más a la pared rayada del bar, esperan los cocteles que hemos pedido.

Intento imaginar, porque se supone que la imaginación lo puede todo, que 15 años después estaré frente a esa pared, forzando mi mente para recordar qué escribí sin lograrlo. Repasaría caras, amores, desamores, besos, nostalgias, alegrías, tristezas… pero sólo vería letras ilegibles.

Pero ese intento es fallido, un fracaso, la imaginación no es un súperhéroe. Sé con certeza que aunque pasen 30 o 70 años, aunque el tiempo llegue como tornado arrasándolo todo, aunque cambien los caminos… sé que nunca olvidaré lo que quedó allí escrito.

Porque yo no soy como esa pared, SOY esa pared rayada de recuerdos con marcador permamente.