Una vida de cemento

Chema-Madoz-Tree

Recuerdo un ejercicio de clase de gimnasia en el colegio. La profesora llevó a todo aquel ruidoso y desordenado grupo de niñas de 10 años al muro más lejano del colegio. Un muro gris de concreto, tan alto como para que nos fuese imposible escapar.

Entonces nos pidió que pusiéramos nuestras manos contra el cemento. Cada una de nosotras miró hacia los lados, preguntándose qué pretendía hacer la señora. Aún así, y porque en el colegio mandan todos menos uno, hicimos caso.

Una mano
otra mano
el muro

– ¡Ahora – nos dijo, levantando la voz – empujen lo más fuerte que puedan, hagan que el muro se mueva!

Recuerdo, más allá de nuestras caras y comentarios, el sentimiento de impotencia.

Fuerza
impulso
desespero
las piedras dejando marcas en nuestras manos
los dedos fundiéndose con las sombras del muro

Pero ante todo,
más que todo,
estaba la certeza
que jamás moveríamos
ni un solo centímetro
del muro
que nos separaba de la libertad

¿y si la vida consistiera sólo en eso, en empujar muros que jamás se moverán?

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13 comentarios en “Una vida de cemento

  1. Es verdad que hay muros que no se pueden mover, pero creo que son todos representaciones del pasado, que es lo único que no se puede cambiar ni mover. Eso y la muerte, que también es un muro que no se mueve, si no que se pasa a través de él, estando muerto claro está.

  2. No debería existir ninguno en pie.., y más peligrosos q los “muros físicos” son los q
    a veces construimos nosotros mism@s!

    Todo bien?? Hazme una señal, aunque sea chiquita!! Te echo de menosssss!!!!!

    Abzs!

  3. Niños, esto de los muros si es un asunto interesante… sus comentarios me han dejado pensando! Gracias por su paso por aquí! Male, aun existoo… siento estar tan perdida, a veces hay que dar pasos atrás para retomar la vida real…

    Marce!! Como te extraño… por cierto, tú estabas también en esa clase de gimnasio, no creo que te acuerdes, pero yo si 🙂

  4. Yo creo que los muros de la vida sí se mueven, si pensamos en ellos como obstáculos. Esa es la clave para seguir adelante, que se muevan e incluso que los derrumbemos.

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