Esperando en el aeropuerto

Estoy como una autista en el aeropuerto, mi vuelo se atrasó una hora y media. En este momento espero en un restaurante, y sin nada mejor que hacer, me he puesto a observar la gente, ¡creo que es mi pasatiempo preferido!

Hay una pareja al lado mío que me encanta, vaya uno a saber quiénes son o con qué intensiones viven, pero el encanto en la manera en la que se miran, comen del mismo plato y se niegan a buscar una silla donde quepan del todo los dos, es en exceso tierno. De vez en cuando, la mano de él se desliza disimuladamente sobre la silla, para abrazarla por la cintura. Me impresiona además que no son jóvenes, sus edades se acercan a los 50 años… Ahora chocan sus narices muertos de la risa… y yo mejor dejo de mirarlos que me va dando despecho.
Hay al otro lado un trío de jóvenes que comen helado. Es una escena que me ha hecho reir desde que me he sentado en esta silla, pues sin temor a que la gente los oiga a hablar, las dos niñas se han sentado de frente al niño y le han comenzado a dar consejos de amor:
– ¡Pero obvio que no la puedes llamar!- dice una
– Al menos hasta el martes… – dice la otra
– No, no, no… nunca. Que llame ella –
– Es cierto Juan, no la llames nunca –
– Aunque si ella timbra…
El sigue mirándolas a las dos, atónito, sin pronunciar palabra. A veces, sólo a veces, me da un poco de pesar de los hombres jajaja.
A mi lado derecho llevaba sentado largo rato un joven de al menos 28 años. Esperaba con su computador abierto, chasqueando los dedos y mirando nerviosamente a la puerta. Entraron entonces dos señores, no mucho mayores que él. Se sentaron, y sin siquiera saludar, le dijeron que no tenían mucho tiempo, que hablara rápido. El se rió nerviosamente, abrió una presentación de Power Point y les comenzó a exponer su proyecto de empresa. Su voz temblaba a medida que exponía. Luego de 15 minutos, luego que los dos señores entendieron que la empresa generaría ingresos, han empezado ser muy amables… ¡qué curioso es el mundo!
En la mesa del frente se sientan 5 extranjeros, verlos intentar hacer el pedido a una mesera que si acaso sabe inglés, sabrá decir: “hi” es para reirse toda la vida. Luego de una hora, medio han logrado ordenar, aunque por sus caras… ¡dudo que lo que les llegó fue lo pedido!
Muy cerca también hay una mujer, flaca, joven y sola. Ha pedido una ensalada de esas deprimentes y un jugo de alguna fruta sin azucar… mira de un lado a otro, y vuelve a coger su celular, como pidiéndole que suene, que suene… ¿qué estará esperando?
Un par de enamorados, una joven en dieta, un empresario nervioso, unos extranjeros entendiendo que saber un poco de español a veces es útil para comer, un pobre adolescente siendo aconsejado por sus dos amigas …
¡Cuán diferentes son cada una de las realidades, parece que cada uno de nosotros fuera un mundo entero diferente!
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4 comentarios en “Esperando en el aeropuerto

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