Sobre facturas de televisión y vocaciones de periodista

typewriter-801921_1280

Hace unas semanas les conté el suceso de mi relato de amor bajo la lluvia, con cual la profesora de crónica periodística había quedado escandalizada. Bueno, después de leer la crónica que finalmente entregué, creo que entenderán mi eterna confusión de por qué sigo metida estudiando periodismo 🙂

__________________________________________________

Usualmente cuando me levanto convencida que será un día normal, las siguientes dos horas se encargan de demostrarme lo equivocada que estaba.

Así fue aquella mañana de febrero. No sé por qué razón salí tan temprano del apartamento, ya que suelo dormir mucho y nunca le hago caso al despertador, pero misteriosamente pasé por la portería a las 8:10 de la mañana, saludé al portero mientras me entregaba la factura vencida del cable de televisión y salí pensando que ya iba siendo hora de pagarla, 4 meses sin televisor eran demasiado para una periodista.

En la ciudad se sentía un ambiente extraño, aunque no estoy muy consciente si lo noté. Sencillamente crucé la calle, me senté en la silla del paradero, saqué mis audífonos del morral y, poniendo todo el volumen, me puse a cantar. Dado que vivo relativamente cerca a la autopista, el número de buses que me sirven para llegar hasta los buses que llegan a mi universidad son varios, y lo máximo que toca esperar son 5 minutos. Aquella mañana alcanzaron a pasar 30 minutos en aquel paradero y yo seguía sin pensar que algo extraño pasaba.

Recuerdo que la gente me miraba desde los carros de una manera extraña cuando veían que era la única persona que quedaba esperando en el paradero, incluso vi pasar un camión invitando a la gente a montarse y yo, no tengo idea por qué, sencillamente me reí y seguí escuchando mi música y esperando el bus.

Tuvo que pasar media hora para que notara que en serio algo pasaba, miré a la calle y detenidamente observé cada uno de los carros.

– ¡Qué curioso! – pensé en voz alta – todos los buses que pasan son escolares, ¿dónde se han metido el resto?

Ahora entiendo por qué la señora que pasaba justo al lado mío, soltó una carcajada que yo ignoré. Pero finalmente, confundida por los extraños sucesos, decidí que caminaría hasta los buses de mi universidad, a 25 minutos de mi casa, pues de otra manera jamás llegaría a clase.

Solo bastó con poner un pie fuera del paradero para que la primera gotera cayera sobre mi nariz. Con la esperanza de haber guardado mi paraguas en el bolso, metí apresuradamente mi mano en busca de él, y recordé en el instante haberlo dejado sobre mi mesa de noche. Sin paraguas, sin capucha ni una chaqueta poderosa me resigné a caminar bajo el agua, entonces pensé:

– Ni que fuera una bruja que me fuera a derretir, un poquito de agua no le hace daño a nadie – supongo que no debí ni pensar eso pues en el instante sonó un trueno a lo lejos – bueno, entonces moriré de neumonía.

Tomé una columna de opinión que había impreso el día anterior para Comunicación Política e improvisé con ella un patético paraguas.

Tratando de distraer el frío que se calaba por medio de mi ropa, comencé a mirar alrededor. Era realmente curioso que no pasaran casi taxis, que no hubiera un solo bus, que los camioneros se hubieran despertado de tan buen humor que subieran gente a sus volcos.

Llegué al bus emparamada de pies a cabeza, mis zapatos parecían bolsas de agua luego de haber pisado al menos 4 charcos y mi camisa parecía cargar la mitad del rio de la ciudad. Mi pelo solía estar liso y ahora simulaba un bombril y el maquillaje parecía cosa del pasado. El conductor del bus me miró de arriba abajo, preguntándose quizás yo dónde me había metido.

– Bueno días, señor – le dije amablemente sentándome en el puesto de adelante, único que quedaba libre – ¡usted puede creer que no pasó ni un bus por el lado de mi casa!

El señor casi se atragantó con la galleta que estaba a punto de tragarse, me miró burleteramente y ni siquiera se tomó el trabajo de responderme al menos el saludo. Me crucé de brazos y me dije que dejaría de ser amable con la gente de la capital, ¡qué gente más rara era!

La lluvia arrulló mi camino hacia la universidad, las gotas chocaban contra el vidrio e iban bajando lentamente hasta perderse en los grandes charcos de la carretera. Me quedé tan profundamente dormida que por poquito sigo derecho hasta el pueblo siguiente.

Llegando finalmente al salón de clase, aun congelada, pensando en lo extraño de vivir en la capital y pidiéndole al cielo que dejara de llover para que saliera un poquitico de sol, me senté al lado de Natalia.

– ¡Casi no llego, Nata – le dije, tirando mi bolso al piso – a todos los buses les dio por desaparecer hoy!

– Pues claro, está terrible esto del paro de transportadores…

Quedé en shock, mis ojos casi se salían de sus órbitas. Natalia se quedó mirándome confundida entonces estallando en carcajadas intenté balbucear:

– Eso explica tantas cosas…

Definitivamente tenía que pagar la factura del televisor.

Anuncios

11 comentarios en “Sobre facturas de televisión y vocaciones de periodista

  1. Mi querida niña, antes de partir para el hospital.., quería invitarte a colaborar
    en EL PAÍS DE LOS BOSQUES..
    No sé cuánto vaya a tardar en volver, pero
    en mi tiempo de ausencia.., me encantaría verte allí..

    No te pido mucho: Sólo una colaboración semanal.., o como tú puedas..

    No tengo tu mail, pero si puedes déjaselo a Carlos aquí, o envíaselo a:

    E_mail: malenanombredetango.carlos608@gmail.com

    Allí cursará la invitación!!!!

    Gracias, mi niña..

    Te Quiere,

    Male.

  2. Supongo que el relato bajo la lluvia no lo dio por bueno como Crónica de un suceso, cuando es un Relato magnífico; porque las Crónicas se diferencian de los Relatos en que están escritas en tercera persona.
    Seguro que la acepta.

  3. Hola, Ausencia. Me gustaron estas palabras: “paradero”, “morral”, “bombril” y “emparamada”. Las dos primeras tienen en Madrid un sentido distinto al del texto y las dos últimas no sé qué significan, aunque lo adivino por su contexto.

    Me gustó la amabilidad de los camioneros que recogían a la gente.

    No me gustó la insolencia del conductor que no te informó de la huelga. Quizá era de los servicios mínimos y estaba enfadado por ello.

  4. Male…. :O, ya te escribo!

    Nicolás, es cierto! No culpo en absoluto a la profesora por su comentario, solo a mi incapacidad de seguir instrucciones jeej! Una sonrisa en el silencio 🙂

    Mars, no words!!

    Sara jajajaja, me alegra encontrar alguien TAN distraído como yoo!!! EN SERIO QUE SI!! Jaja, un abrazo en el silencio amiga!!

  5. Fernandoo! Publicamos los comentarios justo al mismo tiempo! Me imaginé que iba a pasar, no te imaginas el montón de palabras que cambié antes de publicarlo. y qué significan? Espero que nada feo jeje 🙂 Y el señor del bus…. bueno, déjame decirte que al menos lo hice reir en un día tan terrible para ellos jeje… Gracias por tu visitaa!!

  6. AUSENCIA, NO DUDES EN ACEPTAR LA INVITACIÓN AL PAÍS DE LOS BOSQUES… SOLO, SÉ TÚ MISMA, DE ACUERDO???? PARA MALENA, ES MUY IMPTTE QUE
    ESTÉS ALLÍ CON ELLA…

    Un fuerte abrazo!

  7. LA RESPONSABILIDAD LA COMPARTIREMOS ENTRE TOD@S, COMPAÑERA!!!!
    TE ESPERAMOS..! PARA MALENA ES IMPORTANTE TENEROS ALLÍ!!

    UN GRAN ABRAZO Y MUCHOS BESOS DE MALE..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s