Una vida de segundos

Los segundos que le quedaban al 13 de diciembre se desvanecieron en mis manos. De repente, en la pantalla, aparecieron los cuatro grandes ceros.

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Más rápido que un segundo, aunque fuese un segundo, quedaron ya tres ceros y un uno, luego un dos, un tres, un cuatro, un cinco…

Llevo 1 hora y 35 minutos mirando el reloj. Los primeros segundos del 14 de diciembre me han absorbido y, sabiéndolo, sigo mirado, hipnotizada.
Y así pasan mis primeros instantes con 21 años, pero con lo rápido que van… pronto estaré cumpliendo los 70.

Para mi hermano menor

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Una promesa que finalmente te cumplo…

En la oscuridad de la sala, demasiado tarde para poder a hablar en voz alta, mi hermano menor se acercó a preguntarme qué hacía. Era nuestro ritual diario, ninguno de los dos podía dormirse temprano en vacaciones

-Ay Cofi, es que hace varias semanas no publico ninguna entrada en mi blog – suspiré con tristeza y luego agregué – siento que en mi vida no pasa nada interesante.

Él, con unos 15 años tan bien llevados que de alguna manera extraña me hacen sentir que es más maduro que yo, cruzó los brazos y se sentó a mi lado pensativo. Yo dejé de ponerle atención, hasta que me habló de nuevo:

-Está bien – me dijo suspirando profundamente – te presto la historia de Susana y yo para que la cuentes en tu blog

Primero me quise reir, luego pensé por un instante. A él le gustaba hablar de ella y a mí… bueno, a mí me gustaban las historias de adolescentes y no tenía nada más sobre qué escribir.

-Es un trato – le dije abriendo una nueva entrada – pero tendrás que contarme toda la historia otra vez

-Ausencia, pero si prácticamente te la sabes de memoria – me dijo esperando que le insistiera un poco más

-Eso nunca basta para un escritor, hermano mío.

Supongo para él eso fue suficiente insistencia, en un instante ya había retrocedido 6 meses y comenzado a hablar. Yo sencillamente empecé a copiar, trasladando paralelamente su historia de español adolescente a español normal

“Algún día la vi en un pasillo. Julián me dijo que parecía ser muy querida y a yo coincidí con él, además de ser demasiado linda. Acababa de llegar de otro colegio y estaba en séptimo, un año menos que yo. Nos volvimos amigos inmediatamente, no tengo muy claro por qué,supongo que a ella le gustaba llorar y a mí no me molestaba calmarla. Incluso me sentía orgulloso que fuera a mí, y no a cualquier otro pendejo, al que llamara.Eso que tengo que admitirlo, cuando se ponía demasiado llorona o dramática en el teléfono, yo pretendía oírla mientras me metía al computador.

Si tuviera que definirla con una palabra, tendría que ser dramática. Siendo la hija menor de un matrimonio divorciado, con dos hermanas mayores que prácticamente ya habían hecho su vida aparte y una personalidad demasiado explosiva, los líos que ella misma se armaba para llamar la atención eran bastante grandes. Pero así la aprendí a querer y nos volvimos inseparables, ser su mejor amigo tenía sus privilegios.Mi grupo de amigos cambió y conocí a muchísima 9gente, el colegio ya no me parecía tan aburrido después de todo.

Un día, luego de tres meses de observarnos detenidamente, Sara, su mejor amiga, se me acercó durante el recreo:

-Te deben haber preguntado mil veces, pero ¿cierto que a ti definitivamente no te gusta Susana?

-¡Que no! Ya estoy harto de que me pregunten – y de esconder que en realidad si me gusta, pensé para mis adentros – somos sólo dos mejores amigos, ¿por qué la gente no puede ver a un hombre y a una mujer ser solo buenos amigos?

Ni yo creía en lo que le decía, pero ¿qué más podía hacer? No sólo era ella, todo el mundo me preguntaba. Y si no lo hacían era porque lo daban por hecho. Mis hermanos, mi hermana, mis amigos, sus amigas, nadie me dejaba en paz. Por eso, cuando Sara me preguntó quise decirle la verdad, salir de eso. Pero guardé silencio, esperé que ella hablara:

-Yo sé que si te gusta – se enredo el pelo entre el dedo mientras esperaba que yo lo negara todo otra vez y dejó un poco de suspenso en el aire antes de completar – Igual a ella le gusta alguien de tu salón.

Claro, sólo eso me faltaba, Susana tragada de otro niño que seguro la haría llorar y yo seguiría como el idiota calmándola y sin poder decirle lo que sentía. ¿Quién podría ser? ¿algún amigo mio, cualquier equis del salón, uno de mis enemigos?

El siguiente descanso me acerqué a ella con la firme intensión de salir de las dudas.

Ella sencillamente se negó a contarme, lo cual me pareció muy extraño… Susana nunca me escondía nada.

Pasó un largo fin de semana, después del cual llegó el esperado lunes. Ni siquiera recuerdo cuál fue la primera clase de aquel día, sólo sé que mi estómago no se quedaba quieto, se me acababa de ocurrir algo que nunca había pensado: ¿sería yo aquel nuevo amor de mi mejor amiga?

Lo hablé con un par de amigos y trazamos un plan.

-Susi, a mí también me gusta alguien – le dije en el primer descanso

Ella me miró con curiosidad, luego bajó los ojos al suelo para preguntar:

-¿Si? ¿quién es?

-Sólo si tú me dices quién te gusta a ti, yo te digo.

Yo supe que ella diría la verdad, por eso decidí que yo no lo haría.

-Él es de tu salón

-Ella es de séptimo, pero no del tuyo

-Él se sienta con nosotros

-Ella no

-Él es amigo de Julián,

-Ella de Natalia

-El de Santiago,

-Ella de Susana

-El de Geometría…

Un amigo imprudente, a quién le había llegado la conversación a los oídos, afirmó burlándose:

-Eh… Susana, solo le falta decir que es Cofi.

Ella se puso muy nerviosa, lo miró feo y no me dijo nada. Yo sencillamente me paré, le dije a Pava que se encargara y me fui a otro lugar. Para el tercer descanso Pava me tenía toda la información

-Si es usted Cofi, aproveche que parece que ella quiere algo serio.

En la tarde la llamé a su casa:

-¿Podemos vernos para hablar?

-No, no puedo

-Pava me contó todo

Ella se quedó callada, colgamos. Me quedé sentado junto al teléfono algunos minutos después, me intentaba parar pero algo me ataba a esa silla. No lo aguanté y marqué el número de nuevo, mi corazón latía a mil.

-¿Aló?

-Está bien Susi, lo acepto. Eres tú la que me gusta.

Vino un incómodo silencio, quedamos en hablar al día siguiente.

En el segundo descanso nos sentamos juntos en una manga, a los lejos todo el mundo nos podía ver. Lo hablamos todo, por fin nos decíamos lo que sentíamos de frente y no a través de los chismes.

Le di un beso, luego le pedí que fuera mi novia. Antes de que sonara el timbre, le di otro. Salí sonriendo a clase, sonriendo como un completo idiota inocente de la maldad femenina.

Pero aunque el amor nos haga ciegos, las personas son lo que son inevitablemente. Eso lo entendí después, exactamente 24 horas después, cuando ella llegó confundida.

-¿Confundida con qué? – le pregunté indignado

Me dio una de esas explicaciones que solo las mujeres parecen entender, nada con mucho sentido, como ella misma. Luego me terminó, así como si nada. Allí mismo la dejé hablando sola.

Pasé meses triste, incluso mi hermana mayor, que no suele saber mucho de mí, se aprendió la historia de memoria.

Después de terminar, la amistad nunca volvió a ser la misma, eso lo que ahora más me duele. Ella sigue armando líos, pasando de tipo en tipo, siendo el chisme del colegio, emborrachándose, siendo nuestra novela personal. Ya nos reímos un poco cansados de su drama. Pero a veces, cuando llora, sé ya no me llama a mí, y eso, nada más de vez en cuando, me hace extrañarla…”

El sonido de la puerta de mi madre nos hizo saltar a ambos, aun con 20 y 15 años le tenemos miedo cuando sabemos que por nuestra culpa se ha despertado.

-¡Qué son estas horas, yo tengo que madrugar y no me dejan dormir! – nos gritó desde el pasillo – Además, Cofi tiene colegio mañana. ¡A la cama los dos!

Cuando cerró de nuevo la puerta, ambos nos dirigimos a nuestros cuartos. Pero justo antes de entrar, notando que aun pensaba en ella, intenté decirle algo, lo que fuera, para hacerlo sentir mejor.

Al final decidí guardar silencio. Hablando sinceramente, ¿qué autoridad moral puedo tener yo en temas de mejores amigos y novios de una noche?

-Hasta mañana, Cofi

Tengo Miedo

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Los perros no ladraron cuando toqué el timbre.

Luego vino un poco más de silencio, los pasos acelerados de mi mamá acercándose a la puerta, la perilla rechinando, mi prima cabizbaja en el comedor.

– Quédate con tu prima – me dijo evitando que sus ojos rojos chocaran con los míos, luego se volteó hacia mi hermano – tú, llévame al hospital.

Me senté junto a ella cuando nos quedamos solas, pasé mi brazo por sus hombros. Su madre de nuevo en el hospital, semanas de drogas inservibles, vómitos, miedos, la muerte rondando en los pasillos de la casa a diario y yo sin saber qué decirle, sin saber qué decirme ni a mi misma…

Me pidió que habláramos de otras cosas, que le contara de mis nuevas historias de amor. Le sonreí a ese romanticismo que se lleva en el corazón en la adolescencia y comencé a hablar, incluso inventé un poco para hacerla feliz.

Pero el miedo no se fue, aun no se ha ido. Se quedó escondido en aquel rincón oscuro que siempre tiene el alma pensando en los perros que ya no ladraban cuando sonaba el timbre…

 

Les habla la gripa

Dadas las circunstancias, tengo el deber de presentarme.
Mucho gusto queridos lectores de este espacio, soy la gripa hablando. Lamento informarles que Ausencia se ausentará por unos días (que curiosa redundancia…) dado que he encontrado bastante entretenido ocupar su cuerpo y divertirme un rato.
Hasta que no encuentre otra víctima más interesante que esta flaca y pálida niña, me quedaré aquí. Ya llevo 4 días, ¿saben? y la pobre no ha hecho más que gastarse cajas enteras de pañuelos, estar en cama viendo las repeticiones de Dawson’s Creek y Friends tres veces al día (si, los dan 3 veces al día… incluso 4 si se está despierto hasta muy tarde), tomar sopa caliente y esperar que el asunto no se transforme en dengue. Y yo, bueno.. yo me he reído 🙂
Ya ni su gato se le quiere acercar de a mucho, su hermanito menor ya la llama “Apestosa”, alguna amiga la tiene asustada de tanto insistirle que la fiebre muy alta mata muchas neuronas y, para acabar de ajustar, la tengo a dos días de perderse el concierto de Fito Páez.
Ay! la vida es TAN linda para mí que no tengo ningún afán de irme!
En fin, fue un placer conocerlos.

ATT: Dra. Gripa PhD

Encuentros surrealistas

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Supongo que el pobre niño se preguntó por qué lo miraba tanto, por qué no podía tener una conversación coherente, por qué en medio de los pasos más básicos de salsa me perdía. Si le hubiese explicado me habría tomado como lunática, de eso no hay duda. Sé que ya no somos amigos, pero no quiero ni pensar qué creerías de mí si te contara.

Es más, ¡te lo diré rápidamente! Creo que anoche te conocí antes de que cambiaras.

Ya… no te rías, ¡es en serio!

Fue increíble, tenían la misma sonrisa, la misma manera de preguntar, de reir, de molestar. Tenían los mismos labios grandes y exactamente la misma exagerada y medio torpe manera de bailar.

Fue como verte tal y como te conocí el primer día, pero en los ojos de un desconocido cualquiera en un bar. Antes de que todo se acabara, antes que cambiaras tanto y no te lograra reconocer, eras como él.

Es cierto, de mis tres amigos a ti fue al que menos me dolió dejar. Amigo Inocente hirió mi orgullo, pero tú pisoteaste mis creencias, mis bases, lo que me hacía ser lo que soy.

Pero no nos quedemos en aquel tema… el caso es que ayer, bailando con él y a punto de vomitar por su obsesión de dar tantas vueltas como tú en salsa, te extrañé sólo un poquito. Incluso sabía hacer tu misma vuelta, la que a mí me encantaba… ¿te acuerdas que la pista tenía que estar despejada o si no todo el mundo salía herido? Era divertido.

Fue muy curioso volverte a ver, aunque fuera en los ojos de otro. Pero más curioso aun fue pensar que ahora tú eres tan, o quizás más desconocido que él.
Eso si me asusta.

IDIOTA

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¡NO PUEDO CREER LO IDIOTA QUE ES! Es un niño de 12 años, es más… ¡NI SIQUIERA… de OCHO! Es increíble toda la energía que he invertido en esta amistad…

– Tú mamá me intimida, siempre siento que me está psicoanalizando… – Me dice saliendo de cine
– Eres demasiado empeliculado, mi mamá es de lo más normal – le respondo riendo
– ¡Pero no puedes negar que a veces ha dicho cosas muy ciertas de mí! – cruza los brazos
– Bueno, puede ser cierto… eso que no te imaginas lo último que me dijo. – En ese instante me arrepiento de haberlo insinuado.
– ¿Qué te dijo?
– No te voy a decir
– Dime!
– No te voy a decir, es una bobada
– Dime, dime, dime

(Media hora después y ya un poco más serio)

– Dímelo en serio.
– Que no te voy a decir nada, no me conviene, no quiero.
– Tú sabes que yo odio rogar…
– No te diré…

(10 minutos de silencio, él para un taxi)

Dos días después no me habla, no existo, me ha borrado del planeta. ¡Me impacta su capacidad de reaccionar maduramente!

¿SABES QUÉ PEDAZO DE PENDEJO? ¡MI MAMÁ SENCILLAMENTE ME DIJO QUE DEJARA DE SER BOBA, QUE TÚ ESTABAS TRAGADO DE MÍ!

¿Por qué no te digo?

Porque no le creo…

19 días

Extraño mi apartamento solo, el no depender de nadie.

Extraño no tener que preocuparme por la cara cansada de mi mamá, el malgenio de mi papá cuando deja de fumar o la posiblidad de hacer estallar a mi hermano mayor cuando digo algo inapropiado.

Extraño no tener que estar buscando desesperadamente plan, poder extrañar a mis amigas sin tener que verlas a diario, saber que mis primas están lejos y así mi autoestima se encuentra en paz.

Extraño soportarme mi desorden y que nadie me eche de mi pieza, me quite el televisor y me obligue a cambiarme en el baño.

Extraño poder salir hasta la hora que sea, con quién sea, a dónde sea sin ser extrañada o juzgada.

Extraño poder escapar de la gente, preocuparme solo por mí misma y que nadie se preocupe a cambio. Extraño TANTO la soledad y el no sentirme obligada a encajar como antes, a ser como era antes.

Pero lo más absurdo es que extraño extrañar.

Se me ha olvidado vivir en familia, en comunidad, en esta ciudad, ¿alguien me recuerda cómo se sobrevivía?

¿Por qué no puedo escapar de él en ninguna de las dos ciudades?