Te extraño Ausencia

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Siento que quiero escribir, ser Ausencia un rato más y hablar de cosas que ya no digo. Hay muchos silencios, como si existiese una parte de mí que ya no pudiera respirar en público.

Poder hablar de cuando Ojos Amarillos y yo estamos solos, y cerramos las ventanas para que la ciudad no pueda mirar.

De las vidas inventadas que se van cada cierto tiempo, porque sé que nunca existieron pero siento que murieron, o me dejaron. A veces sueño que se tiran por balcones y rebotan contra el piso, volviendo a mis brazos.

De los miedos de la vida estática, cuando he vuelto a mi ciudad y ya no tengo a la Fría Ciudad para idealizar my old little town.

De que me paso sentada en un escritorio, promocionando productos que al final son solo agua y polvo. Y me dicen que la vida es simple, y sí… y eso me aburre.

De que Dios exista… o no exista.

Y no sé qué digo. Te extraño Ausencia, te extraño debajo de las cobijas, en las calles mojadas, en el silencio de los domingos cuando mi voz no la oia ni yo.

Te extraño Ausencia, pero cuando eras incógnita, y podía hablarte de cosas al oído. Y ser tú, y decirle palabras al vacío de Internet.

Te extraño y me extraño, y creo que me he pasado la vida extrañándome…

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Hablar de otras cosas

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Hablar de otras cosas
del viento que mueve las hojas de la plaza del pueblo,
la paloma volando encima de mi cabeza,
del sol sobre la hoja en la que escribo.

Hablar de otras cosas,
de la tranquilidad fingida en la que viaja mi lapicero,
mi espalda contra la iglesia blanca,
las uñas de mis dedos que debería ya cortar…

Hablar de otras cosas,
escribir de otras más,
para callar la piedra en la garganta que quiere explotar,
ahogar recuerdos de lágrimas ajenas
– dolores compartidos –
para no mirar a la iglesia blanca detrás de mi espalda
quemándome la piel.

Hablar de otras cosas,
escribir de otras cosas,
buscando silenciar las demás.

Un borrón en mi cuaderno

Hay una canción que me gusta mucho, habla de un señor en un bar.

Él está tomando café tranquilamente y de repente se le acerca una mujer. Ella queda sorprendida cuando él dice no recordarla y le insiste que ellos dos fueron amantes alguna vez, que llegaron a vivir cosas importantes.

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Me temo que lo suyo sea un error,
yo estoy desde hace tiempo sin amor

y el último que tuve fue un borrón en mi cuaderno
Y ella le sigue repitiendo, que él le rogó que no se fuera, que lo vieron llorando por ella de bar y en bar. Pero él le vuelve a decir
Perdón,
no la quisiera lastimar
tal vez lo que me cuenta sea verdad
lamento contrariarla pero yo
no la recuerdo

Así me siento últimamente, necesité algo que me hiriera de corazón para reaccionar. A veces nos atamos demasiado a la historias, yo especialmente al tener delirio de escritora. Pero estar amarrados a eventos que ya se fueron y nunca volverán, no nos permite crear nuevas historias, seguir escribiendo la trama de nuestros días.

Entonces borré todas las fotos, los correos, los comentarios, los amigos en común, las canciones, los escritos y pude oír voces: “Uy, esa vieja si nos está dando demasiada importancia” pero ¿saben? es que ahora soy yo la que tiene que seguir, sus pensamientos estrellan contra mis paredes en blanco.

Esa noche me obligué a salir de la cama, aunque no quería. Me puse un vestido blanco, como los rastros de recuerdos que ya no quedaban y sin historias en la mano, salí a bailar con mis amigas del colegio. Entonces miles de historias nuevas comenzaron de repente.

Mientras decidíamos dónde entrar, en la dirección contraria, aparecieron todos juntos esos amigos que el tiempo se encargó de perder. La típica barrita del colegio, con los que aprendimos juntos a bailar, nuestros primeros novios, las primeras metidas de pata. Incluso Krum estaba entre ellos, y se sintió tan bien volvernos a ver, reírnos del pasado y volver a ser amigos.

Entramos todos juntos a una discoteca, a bailar, a darnos cuenta todo lo que el tiempo nos había cambiado y que al final, éramos los mismos.

Luego, entre la multitud, se cruzó una mirada conmigo. Quedamos paralizados. No teníamos por qué encontrarnos allí.

– ¿Tú qué haces aquí?
– Mas bien, ¿tú qué haces aquí?

y de esa nueva historia y de él, que es más bien Don Prohibido, mejor no hablo mucho 😉

Pero lo que pretendo decir es que no hay nada más absurdo que amarrar con nudos las historias que de nuestra vida ya se han ido. ¡Cuántas nuevas nos están esperando!

Aquellos que estén en las mismas, los reto a borrar. No es tan difícil, comiencen por lo material, luego unan la actitud y cuando oigan ESA canción que les recuerda todo, cierren los ojos con fuerza y dedíquensela al gato 🙂

Nota: No aseguro que borrar historias les vaya a evitar nuevos problemas, pero… ¡nada más rico que estrenar líos!

Nota 2: La canción es Amnesia de Santiago Cruz

Una vida de segundos

Los segundos que le quedaban al 13 de diciembre se desvanecieron en mis manos. De repente, en la pantalla, aparecieron los cuatro grandes ceros.

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Más rápido que un segundo, aunque fuese un segundo, quedaron ya tres ceros y un uno, luego un dos, un tres, un cuatro, un cinco…

Llevo 1 hora y 35 minutos mirando el reloj. Los primeros segundos del 14 de diciembre me han absorbido y, sabiéndolo, sigo mirado, hipnotizada.
Y así pasan mis primeros instantes con 21 años, pero con lo rápido que van… pronto estaré cumpliendo los 70.

Para mi hermano menor

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Una promesa que finalmente te cumplo…

En la oscuridad de la sala, demasiado tarde para poder a hablar en voz alta, mi hermano menor se acercó a preguntarme qué hacía. Era nuestro ritual diario, ninguno de los dos podía dormirse temprano en vacaciones

-Ay Cofi, es que hace varias semanas no publico ninguna entrada en mi blog – suspiré con tristeza y luego agregué – siento que en mi vida no pasa nada interesante.

Él, con unos 15 años tan bien llevados que de alguna manera extraña me hacen sentir que es más maduro que yo, cruzó los brazos y se sentó a mi lado pensativo. Yo dejé de ponerle atención, hasta que me habló de nuevo:

-Está bien – me dijo suspirando profundamente – te presto la historia de Susana y yo para que la cuentes en tu blog

Primero me quise reir, luego pensé por un instante. A él le gustaba hablar de ella y a mí… bueno, a mí me gustaban las historias de adolescentes y no tenía nada más sobre qué escribir.

-Es un trato – le dije abriendo una nueva entrada – pero tendrás que contarme toda la historia otra vez

-Ausencia, pero si prácticamente te la sabes de memoria – me dijo esperando que le insistiera un poco más

-Eso nunca basta para un escritor, hermano mío.

Supongo para él eso fue suficiente insistencia, en un instante ya había retrocedido 6 meses y comenzado a hablar. Yo sencillamente empecé a copiar, trasladando paralelamente su historia de español adolescente a español normal

“Algún día la vi en un pasillo. Julián me dijo que parecía ser muy querida y a yo coincidí con él, además de ser demasiado linda. Acababa de llegar de otro colegio y estaba en séptimo, un año menos que yo. Nos volvimos amigos inmediatamente, no tengo muy claro por qué,supongo que a ella le gustaba llorar y a mí no me molestaba calmarla. Incluso me sentía orgulloso que fuera a mí, y no a cualquier otro pendejo, al que llamara.Eso que tengo que admitirlo, cuando se ponía demasiado llorona o dramática en el teléfono, yo pretendía oírla mientras me metía al computador.

Si tuviera que definirla con una palabra, tendría que ser dramática. Siendo la hija menor de un matrimonio divorciado, con dos hermanas mayores que prácticamente ya habían hecho su vida aparte y una personalidad demasiado explosiva, los líos que ella misma se armaba para llamar la atención eran bastante grandes. Pero así la aprendí a querer y nos volvimos inseparables, ser su mejor amigo tenía sus privilegios.Mi grupo de amigos cambió y conocí a muchísima 9gente, el colegio ya no me parecía tan aburrido después de todo.

Un día, luego de tres meses de observarnos detenidamente, Sara, su mejor amiga, se me acercó durante el recreo:

-Te deben haber preguntado mil veces, pero ¿cierto que a ti definitivamente no te gusta Susana?

-¡Que no! Ya estoy harto de que me pregunten – y de esconder que en realidad si me gusta, pensé para mis adentros – somos sólo dos mejores amigos, ¿por qué la gente no puede ver a un hombre y a una mujer ser solo buenos amigos?

Ni yo creía en lo que le decía, pero ¿qué más podía hacer? No sólo era ella, todo el mundo me preguntaba. Y si no lo hacían era porque lo daban por hecho. Mis hermanos, mi hermana, mis amigos, sus amigas, nadie me dejaba en paz. Por eso, cuando Sara me preguntó quise decirle la verdad, salir de eso. Pero guardé silencio, esperé que ella hablara:

-Yo sé que si te gusta – se enredo el pelo entre el dedo mientras esperaba que yo lo negara todo otra vez y dejó un poco de suspenso en el aire antes de completar – Igual a ella le gusta alguien de tu salón.

Claro, sólo eso me faltaba, Susana tragada de otro niño que seguro la haría llorar y yo seguiría como el idiota calmándola y sin poder decirle lo que sentía. ¿Quién podría ser? ¿algún amigo mio, cualquier equis del salón, uno de mis enemigos?

El siguiente descanso me acerqué a ella con la firme intensión de salir de las dudas.

Ella sencillamente se negó a contarme, lo cual me pareció muy extraño… Susana nunca me escondía nada.

Pasó un largo fin de semana, después del cual llegó el esperado lunes. Ni siquiera recuerdo cuál fue la primera clase de aquel día, sólo sé que mi estómago no se quedaba quieto, se me acababa de ocurrir algo que nunca había pensado: ¿sería yo aquel nuevo amor de mi mejor amiga?

Lo hablé con un par de amigos y trazamos un plan.

-Susi, a mí también me gusta alguien – le dije en el primer descanso

Ella me miró con curiosidad, luego bajó los ojos al suelo para preguntar:

-¿Si? ¿quién es?

-Sólo si tú me dices quién te gusta a ti, yo te digo.

Yo supe que ella diría la verdad, por eso decidí que yo no lo haría.

-Él es de tu salón

-Ella es de séptimo, pero no del tuyo

-Él se sienta con nosotros

-Ella no

-Él es amigo de Julián,

-Ella de Natalia

-El de Santiago,

-Ella de Susana

-El de Geometría…

Un amigo imprudente, a quién le había llegado la conversación a los oídos, afirmó burlándose:

-Eh… Susana, solo le falta decir que es Cofi.

Ella se puso muy nerviosa, lo miró feo y no me dijo nada. Yo sencillamente me paré, le dije a Pava que se encargara y me fui a otro lugar. Para el tercer descanso Pava me tenía toda la información

-Si es usted Cofi, aproveche que parece que ella quiere algo serio.

En la tarde la llamé a su casa:

-¿Podemos vernos para hablar?

-No, no puedo

-Pava me contó todo

Ella se quedó callada, colgamos. Me quedé sentado junto al teléfono algunos minutos después, me intentaba parar pero algo me ataba a esa silla. No lo aguanté y marqué el número de nuevo, mi corazón latía a mil.

-¿Aló?

-Está bien Susi, lo acepto. Eres tú la que me gusta.

Vino un incómodo silencio, quedamos en hablar al día siguiente.

En el segundo descanso nos sentamos juntos en una manga, a los lejos todo el mundo nos podía ver. Lo hablamos todo, por fin nos decíamos lo que sentíamos de frente y no a través de los chismes.

Le di un beso, luego le pedí que fuera mi novia. Antes de que sonara el timbre, le di otro. Salí sonriendo a clase, sonriendo como un completo idiota inocente de la maldad femenina.

Pero aunque el amor nos haga ciegos, las personas son lo que son inevitablemente. Eso lo entendí después, exactamente 24 horas después, cuando ella llegó confundida.

-¿Confundida con qué? – le pregunté indignado

Me dio una de esas explicaciones que solo las mujeres parecen entender, nada con mucho sentido, como ella misma. Luego me terminó, así como si nada. Allí mismo la dejé hablando sola.

Pasé meses triste, incluso mi hermana mayor, que no suele saber mucho de mí, se aprendió la historia de memoria.

Después de terminar, la amistad nunca volvió a ser la misma, eso lo que ahora más me duele. Ella sigue armando líos, pasando de tipo en tipo, siendo el chisme del colegio, emborrachándose, siendo nuestra novela personal. Ya nos reímos un poco cansados de su drama. Pero a veces, cuando llora, sé ya no me llama a mí, y eso, nada más de vez en cuando, me hace extrañarla…”

El sonido de la puerta de mi madre nos hizo saltar a ambos, aun con 20 y 15 años le tenemos miedo cuando sabemos que por nuestra culpa se ha despertado.

-¡Qué son estas horas, yo tengo que madrugar y no me dejan dormir! – nos gritó desde el pasillo – Además, Cofi tiene colegio mañana. ¡A la cama los dos!

Cuando cerró de nuevo la puerta, ambos nos dirigimos a nuestros cuartos. Pero justo antes de entrar, notando que aun pensaba en ella, intenté decirle algo, lo que fuera, para hacerlo sentir mejor.

Al final decidí guardar silencio. Hablando sinceramente, ¿qué autoridad moral puedo tener yo en temas de mejores amigos y novios de una noche?

-Hasta mañana, Cofi

Tengo Miedo

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Los perros no ladraron cuando toqué el timbre.

Luego vino un poco más de silencio, los pasos acelerados de mi mamá acercándose a la puerta, la perilla rechinando, mi prima cabizbaja en el comedor.

– Quédate con tu prima – me dijo evitando que sus ojos rojos chocaran con los míos, luego se volteó hacia mi hermano – tú, llévame al hospital.

Me senté junto a ella cuando nos quedamos solas, pasé mi brazo por sus hombros. Su madre de nuevo en el hospital, semanas de drogas inservibles, vómitos, miedos, la muerte rondando en los pasillos de la casa a diario y yo sin saber qué decirle, sin saber qué decirme ni a mi misma…

Me pidió que habláramos de otras cosas, que le contara de mis nuevas historias de amor. Le sonreí a ese romanticismo que se lleva en el corazón en la adolescencia y comencé a hablar, incluso inventé un poco para hacerla feliz.

Pero el miedo no se fue, aun no se ha ido. Se quedó escondido en aquel rincón oscuro que siempre tiene el alma pensando en los perros que ya no ladraban cuando sonaba el timbre…

 

Les habla la gripa

Dadas las circunstancias, tengo el deber de presentarme.
Mucho gusto queridos lectores de este espacio, soy la gripa hablando. Lamento informarles que Ausencia se ausentará por unos días (que curiosa redundancia…) dado que he encontrado bastante entretenido ocupar su cuerpo y divertirme un rato.
Hasta que no encuentre otra víctima más interesante que esta flaca y pálida niña, me quedaré aquí. Ya llevo 4 días, ¿saben? y la pobre no ha hecho más que gastarse cajas enteras de pañuelos, estar en cama viendo las repeticiones de Dawson’s Creek y Friends tres veces al día (si, los dan 3 veces al día… incluso 4 si se está despierto hasta muy tarde), tomar sopa caliente y esperar que el asunto no se transforme en dengue. Y yo, bueno.. yo me he reído 🙂
Ya ni su gato se le quiere acercar de a mucho, su hermanito menor ya la llama “Apestosa”, alguna amiga la tiene asustada de tanto insistirle que la fiebre muy alta mata muchas neuronas y, para acabar de ajustar, la tengo a dos días de perderse el concierto de Fito Páez.
Ay! la vida es TAN linda para mí que no tengo ningún afán de irme!
En fin, fue un placer conocerlos.

ATT: Dra. Gripa PhD