El saco negro

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Porque aún no vino el olvido para llevarse
el último de tus abrigos.

Dice una canción de Jorge Drexler y Ella Baila Sola,
para mí la interpretación va literal.

¿Por qué, cuando intento escapar de Él,
cuando corro lejos de todo lo que nos ata ,
cuando me doy cuenta que lejos estamos mejor,
y arranco las fotos de la pared, borro los mensajes del celular, quito las notificaciones de Facebook e incluso escondo, en el fondo de un baul, mi diario,
tiene que desaparecer dentro de mi clóset
aquel, su saco preferido?

Desde aquel día de lluvia,
cuando le tuve que pedir que me lo prestara,
lo tenía colgado en el ropero.

¿Y si nadie se lo ha llevado,
en mi casa solo vivimos el gato y yo,
por qué se ha dignado a desaparecer JUSTO ahora?

Y cada semana, a veces dos o tres veces, aparece un wall suyo:

«Ausencia, mi saco…»
«Ausencia, mi saco…»

Yo me muerdo el labio,
no quiero hablarle…
menos sé cómo explicarle que desapareció,
que mi gato se lo comío,
que el clóset, enamorado de él, lo decidió esconder.

¡No sé dónde esta el saco,
no lo sé,
no lo sé!

Odio el desespero del destino, que por no dejarlo ir, ha escondido su saco en un rincón donde aun no llega el olvido.

¡POR DIOS, ¿ALGUIEN HA VISTO UN SACO NEGRO?!
¡PAGO RECOMPENSA!

Caminando bajo tu llanto

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Como últimamente no ando demasiado concentrada en clases, me he metido en algunos, por no decir muchos, problemas. Una muestra de ello es el trabajo que tenía que entregar hoy para la clase de crónica para Prensa. Como yo no estuve la clase anterior, le pregunté a varias personas cuál era el trabajo y todas me respondieron que era hacer una historia con la lluvia.

Yo llegué con tremenda historia de amor a la clase y la profesora, con solo mirarla, quedó mas o menos en shock. Luego de recuperarse me respondió: «Esto claramente no es una crónica, al lector no le interesaría, sólo a ti y hasta depronto a tu novio, pero a nadie más…»

Yo no pude más que pensar en ustedes, sé que no son yo misma ni mi ex novio, pero al menos los hará reír pensando en la cara paralizada de la profesora, la cual esperaba tremenda crónica periodística y se encontró con esta historia:

Caminando bajo la lluvia

Supe que caminaba debajo de tu llanto. El cielo negro lanzaba sobre mí tus lágrimas y, sabiéndolo, ni siquiera saqué mi paraguas. Vi pasar el bus a mi lado y no lo cogí, caminé lentamente a casa sin evitar los charcos ni cubrirme la cabeza. Los transeúntes que pasaban junto a mí con sus sombrillas, me miraban despectivamente, y luego se quejaban de la lluvia. No los podía culpar, pues era mi culpa, yo te había hecho llorar.

Y mientras caminaba cargando la lluvia en mi ropa, mi mente viajó al pasado. Las gotas de lluvia que golpeaban mi corazón, me llevaban a refugiarme en otro tiempo, a recordar otro día de lluvia.

Aquel lejano día, lejos de las tristezas y vacíos, también llovía, ¿lo recuerdas? Había sido una tarde linda, comimos helado, caminamos por todo el centro comercial y jugamos a darnos besos en los ascensores antes de que alguien lo pidiera. Pero cuando llegó la hora de caminar de nuevo a casa, la lluvia creció en intensidad y los dos quedamos paralizados pensado qué haríamos.

– ¿No te parece mejor que cojamos un taxi? – Me dijiste, aun abrazándome

– ¿Y si mejor caminamos bajo la lluvia, así como en las películas? – Te respondí sonriendo como una niña malcriada.

Sospecho que te encantaba esa parte de mí, el pedacito de niña inocente que de repente quería vivir la vida lo más intensamente posible. De estos arranques jamás lograbas zafarte.

– Está bien, vamos caminando, pero no me responsabilizo del regaño de tu hermano cuando lleguemos tarde o cuando mueras de una tremenda neumonía.

Te tomé de la mano y salimos a la lluvia. Sin pensarlo te quitaste tu chaqueta y la pusiste sobre mi saco de lana buscando que no me congelara, aun así a los pocos minutos habíamos olvidado el frío. tTú te reías de mi pelo que se volvía como un bombril y yo de tu trabajo de la universidad que ahora se veía como una torta de lodo. Pero entonces te detuviste en medio de una calle, yo paré de hablar asustada por tu cara de seriedad, y esperé que hablaras. Tú me dijiste:

– Esto ya se parece demasiado a una película de esas melodramáticas como las que te gustan a ti. Pero falta algo.

Antes de que pudiera preguntarte qué faltaba, me halaste hacia ti y me diste aquel beso, que combinado con las gotas de lluvia, se plasmaría para siempre en mi memoria.

¡Qué diferentes se sentían las gotas de lluvia de aquel momento y las de ahora! Esas llenaban mi corazón, me hacía reir a carcajadas y estando junto a ti, no me causaban frío, pero estas dejaban congelado el corazón.

Llegué a casa mojada de arriba abajo, mi hermano me miró con preocupación.

– ¿Por qué vienes tan mojada?

– Porque estaba lloviendo, si no lo notaste

-Pues si, ¿pero no tenías paraguas?

– Si, en el fondo del morral

– ¿y por qué no tomaste el bus? ¿no tenías plata?

– Si, si tenía, al fondo del morral

– Entonces, ¿qué pasa?

Bajé la cabeza, caminé a mi cuarto y cerré la puerta tras de mí sin darle una respuesta.

¿Cómo decirle que había caminado bajo tu llanto porque merecía sentir tu dolor? Porque no conseguía sentir la pena de haber tenido que hacerle caso al corazón y decirte a la cara que hace tiempo ya no te quería.

——

PD: Tengo cierta amiga que encontró por casualidad mi blog y ha descubierto que soy yo la que escribe. Me ha comentado que lo encontró demasiado adolescentudo… creo que está entrada lo termina por confirmar. Tily, creo que yo no tengo remedio 🙂

PD: Maravilla y su novio también han pasado por aquí, a ellos un abrazo de oso!

19 días

Extraño mi apartamento solo, el no depender de nadie.

Extraño no tener que preocuparme por la cara cansada de mi mamá, el malgenio de mi papá cuando deja de fumar o la posiblidad de hacer estallar a mi hermano mayor cuando digo algo inapropiado.

Extraño no tener que estar buscando desesperadamente plan, poder extrañar a mis amigas sin tener que verlas a diario, saber que mis primas están lejos y así mi autoestima se encuentra en paz.

Extraño soportarme mi desorden y que nadie me eche de mi pieza, me quite el televisor y me obligue a cambiarme en el baño.

Extraño poder salir hasta la hora que sea, con quién sea, a dónde sea sin ser extrañada o juzgada.

Extraño poder escapar de la gente, preocuparme solo por mí misma y que nadie se preocupe a cambio. Extraño TANTO la soledad y el no sentirme obligada a encajar como antes, a ser como era antes.

Pero lo más absurdo es que extraño extrañar.

Se me ha olvidado vivir en familia, en comunidad, en esta ciudad, ¿alguien me recuerda cómo se sobrevivía?

¿Por qué no puedo escapar de él en ninguna de las dos ciudades?

¿Quién es que era yo?

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Hoy, mientras caminaba por la ciudad buscando un banco para pagar cuentas pendientes, me puse a pensar en mí misma. Suena extraño, pero es que siento que quizás he olvidado quién soy.

Antes de irme de casa, hace ya dos años, tenía una idea de cómo definirme, tenía algunos parámetros, sabía que era una niña juiciosa, buena lectora, un apoyo para mi madre cuando la casa se tornaba en un caos. Sabía además que quería ser escritora, incluso nóbel, que estaba en contra de muchas cosas en el mundo, que casi nunca decía mentiras. Mi mamá, siendo psicóloga, no dejaba de afirmar que mi estado de salud mental no podía ser mejor, «estás lo suficientemente loca para afrontar al mundo, pero lo suficientemente cuerda para no dejar a un lado las responsabilidades»

Ahora, después de dos años de soledad, de caos, de salir de casa y cambiar de ciudad, no sé si aun sigo siendo alguna de aquellas cosas que me hacían sentir tan bien. Aunque sigo negándome a aceptar a un mundo cuadriculado y aburrido, esto, a mi edad, ya no parece estar tan bien. Mi mamá, lo siento a veces cuando hablábamos por celular y le cuento mis historias, no parece estar tan orgullosa de aquella niña que creía haber criado.

¿Quién creo que soy ahora? Bueno, son varios elementos los que siento que me definen en principio.

Distraída, elevada, ausente del mundo real.

Ayer en la noche no había nadie en casa, entonces entré a la cocina y me hice una comida deliciosa. Comí junto al computador y cuando terminé, sencillamente dejé el plato junto a a mí y seguí chateando. Pasó casi media hora y me empezaron a picar los ojos, intenté ignorarlo, pero a los 10 minutos ya sentía que no podía ni ver. Me asusté y levanté la cabeza del computador, ¡toda mi casa estaba llena de humo! No se podía ver nada, corrí a la puerta del apartamento buscando ver si era el edificio el que se incendiaba, pero no. Entonces lo recordé, jamás había apagado el aceite de las papás… La cocina estaba llena de humo, la olla estaba rostizada. Durante media hora la cocina había estado a punto de arder en llamas y mi casa se había llenado de humo, que estaba justo al lado, ¿cómo no me había dado cuenta?

Hace más o menos dos semanas algo similar sucedió; en un momento de distracción dejé el gas prendido en la noche. A las 7 de la mañana el citófono no paraba de sonar, furiosa e indignada por el atrevimiento del portero de llamar a esas horas de la mañana, me levante a contestar. El portero me comentó que varios vecinos andaban diciendo que un olor a gas llenaba todo el edificio, entonces lo sentí. Corrí al horno y efectivamente el gas se había quedado abierto. El olor a gas impregnaba toda la casa, tuvimos que abrir puertas y ventanas para que saliera… ¿cuánto pueden vivir 3 personas en una casa llena de gas?

y entre olvidar entregar trabajos, pagar la luz, perder 3 celulares en 4 meses, dejar dos días seguidos el cable del computador portatil conectado en la universidad, olvidar lavar la ropa, perder documentos importantes, ¿qué más puedo hacer sino aceptar que esto me comienza y termina por definir?

Incapaz de estar en silencio, miedo a la excesiva soledad.

Antes era feliz estando sola, en un pequeño apartamento lleno de hermanos hombres escandalosos y primos que parecían vivir allí, todo momento de soledad era apreciado con el alma. Me podía encerrar por horas en mi pieza a escribir, leer o sencillamente pensar, en silencio, en soledad. Ahora es diferente, la soledad es lo común, hablar con las paredes y conmigo misma cuando camino por las calles, es algo que ya hago por inercia. Amigo Inocente siempre me dice que hay una canción que siempre le acuerda a mí:

Me
Talking to myself in public
Dodging glances on the train
I know
I know they’ve all been talking ‘bout me
I can hear them whisper
And it makes me think there must be something wrong
With me
Out of all the hours thinking
Somehow I’ve lost my mind

(Unwell – Matchbox 20)

Pero entonces, con aquel miedo a terminar loca de soledad, busco desesperadamente huir de todo esto. Música siempre sonando duro en mi casa, todo lleno de gente que aunque no esté segura de que sean mis verdaderos amigos, al menos llenan espacios, al menos me permiten hablar con alguien real. Ahora, ya no me gusta la soledad, me da miedo, me da miedo el silencio, me da miedo que yo y yo estemos juntas demasiado tiempo.

Nada profundo en la cabeza, mariposas.

Quizás las categorías se estén tornando un poco duras conmigo misma, pero esa es la realidad que observo y este punto es que el ha llegado a mi cabeza hoy en la mañana. Realmente estaba en el baño, puse el CD que grabé hace poco para no bañarme en silencio y comencé a dejar la mente divagar. Estaba pensando en Pelo Largo y la manera en que lo usé para quitarme la soledad, en Amigo Inocente y el asustador hecho de creer estar enamorándome de él cuando el sólo me ve como una amiga, como su hermana, y en general, en pendejadas por el estilo. Entonces quedé paralizada, ¿hace cuánto sólo pensaba en amores? ¿desde cuándo mi cabeza sólo se llenaba de asuntos vagos y vacíos?

Ayer, luego del casi incendio de mi casa, la Niña con la vivo llegó con varios amigos. Luego de superar el asunto del humo, nos pusimos a hablar de comunicación social y de cómo esta carrera nos permite no hacer nada en todo el semestre. Entonces, Niña afirmó: «Ustedes no se imaginan lo sorprendente que fue ver a Ausencia estudiando este fin de semana, durante todo el tiempo que llevamos en este apartamento jamás la había visto sentarse a hacer un trabajo» Dentro de mi cabeza, mientras reía por fuera, pensaba «Ni tampoco leer un libro, hacer algo constructivo, meterle el alma y corazón a algún trabajo…»

¿y mi sueño de ser escritora? Olvidado en un rincón.

Yo no era así.
Pisando mi autoestima, andando cabizbaja.

Cuando llegué a esta ciudad, dentro de mi cabeza nadie era mejor que yo. Venía de la mejor ciudad del mundo, con las notas más altas, con una beca y una personalidad chispa, sociable y alegre, llegué con la cabeza alta, mirando de frente a los ojos de todo el mundo.

Ahora se me ha pegado aquel frío que llena a la gente de esta ciudad, aquel que se pega a la piel, a las manos, a la boca, al alma, a la personalidad y congela la sonrisa. Ya camino mirando a mis pies, evito mirar a los ojos a la gente por miedo a que sean ladrones de las grandes ciudades y ya no siento tan maravillosa, tan súperpoderosa.

«Eres una desordenada, nunca llegarás a ningún lado» me dice mi jefa del trabajo, yo asiento.

¿y mi fe?

Siendo católica de corazón, alma y crianza, hay que cosas que ahora me cuestan mucho más. En mi vida, por más increíble que peuda sonar, jamás falté a una misa un domingo. Las dos semanas pasadas hacía frío, el camino a la iglesia más cercana se hacía eterno y el imaginarme en esa banca, intentado hacer que mi saco me calentara más, me terminarón por convencer de quedarme en mi camita caliente, andando por facebook y haciendo nada útil.

Ahora Dios no me parece tan claro, tan real, tan palpable… ¿qué pasa?
¿Qué sigue aún?

– Sigo sin poder durar con un novio más de una semana, sin creer realmente en el amor y sin tragarme profundamente de alguien.
– Sigo sin entender lo de las amistades inocentes
– Todavía amo las gomas de osos jaja
– Aun no entiendo por qué la luna me persigue
– Sigo adorando con el corazón a mis amigas del colegio, a Maravilla, a Pokemon y a Tily.
– Sin remedio, sigo amando las comedias románticas y a Friends.

(Canción del día: Beautiful Mess – Jason Mraz)

NECESITO ALCOHOL

Me duelen el alma y el corazón. Pelo Largo, quisiera explicarte que no quise jugar contigo, aunque en realidad si quería, estaba desesperada por sacarme la soledad que me deja en el alma esta fría ciudad y llegaste tú, vestido de negro, sonriendo, orgulloso de verme de nuevo a tu lado.

En ese momento necesitaba eso, que alguien quisiera estar conmigo, cogerme la mano y verme llorar. Entonces te besé, en medio de todos los que nos habían visto terminar hacía meses, y ese beso se alargó una semana.

Esa semana la llenaste de besos, abrazos, apoyo y comprensión; un par de veces intenté terminar este extraño trato pero tú llegabas sonriendo y me daba cuenta que sin ti me quedaba sola, entonces prefería callada.

Pero al final, amigo crespo, mi corazón nunca estuvo enamorado de ti, quizás un poco de tu compañía, pero no más. Cuando me abrazabas por un largo rato, me comenzaba a sentir aburrida y encerrada, entonces solo pensaba en huir, pero ¿cómo dejarte con el corazón roto después de que había entregado todo por mí?

Además estaban todos ellos, pendientes de mí, esperando el momento para decirte «Viste, nosotros te lo dijimos, ella no es de confiar» y yo no quería que tuvieran razón, pero la tienen…. yo no soy de confiar, mi corazón es un caos, confunde amor con compañía.

Sólo déjame decirte que lo siento, de corazón lo siento.

Algún día te lo diré todo sin que te des cuenta…

A veces siento que no estoy siendo sincera. Por años lo he negado, en cada frase que digo, trato de esconder el miedo de sentir algo por ti, pero no sé… Esta noche me he quedado con tu celular y entré a tus imágenes, en tu album en la mayoría de fotos salimos juntos, los dos, siempre los dos y luego ese fondo de celular de los dos…. ¿si seré tan importante para ti?

Me gustaría pensar que si, que aun no lo has descubierto. Aunque tenga un amor en mis días, no dejo de pensar que me gusta más estar cerca a ti fingiendo la amistad perfecta, que junto a él que me llena de besos y abrazos. ¿Qué vale más? Tú sabes casi todo de mí, junto a ti puedo ser quien soy, un par de medias rotas… pero me da tanto miedo decirte que siempre estuve confundida y tú jamás lo imaginaste.

Alguna vez me dijiste que yo había sido la novia más fácil de superar, yo me reí… Hoy te dije: «Amigo inocente, no entiendo porque mi novio está celoso justo de ti, que eres como mi hermano» tú te reíste. Yo mentía, siempre lo hago para que nunca sospeches nada, ojalá tú también hicieras lo mismo… Reir, fingir. A veces entiendo porque él te tiene tantos celos, realmente me conoce… Odio sentir que soy una amiga más que se ha tragado de ti sin entender porqué, no eres lo que he buscado…

Yo no debería estar admitiendo esto, pero lo haré, ¿recuerdas la fiesta de ayer? cada beso que le di a él, buscaba que te doliera a ti, que te hiciera despertar.

Algún día te lo diré todo sin que te des cuenta…

Lavando ropa vieja

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Mientras mi ropa se pudre en la lavadora, mi cabeza me grita que me tengo que parar de este portátil, recogerla y luego irme a dormir. Mañana nada me podrá despertar… Pero yo me he puesto a leer viejos poemas….

y no sé si es amor
o capricho
pero en medio de una canción
te doy un beso

La canción nos encierra
sus notas se cuelgan a los oidos
y el corazón se esconde
tras paredes de miedo y orgullo

Sólo queda el beso

(No sólo debería lavar la ropa, creo que algunos poemas no quedarían mal desapareciendo dentro de la lavadora y el agua sucia. Los poemas, los recuerdos que se han adherido a ellos y de paso a Camisa Negra)