Un borrón en mi cuaderno

Hay una canción que me gusta mucho, habla de un señor en un bar.

Él está tomando café tranquilamente y de repente se le acerca una mujer. Ella queda sorprendida cuando él dice no recordarla y le insiste que ellos dos fueron amantes alguna vez, que llegaron a vivir cosas importantes.

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Me temo que lo suyo sea un error,
yo estoy desde hace tiempo sin amor

y el último que tuve fue un borrón en mi cuaderno
Y ella le sigue repitiendo, que él le rogó que no se fuera, que lo vieron llorando por ella de bar y en bar. Pero él le vuelve a decir
Perdón,
no la quisiera lastimar
tal vez lo que me cuenta sea verdad
lamento contrariarla pero yo
no la recuerdo

Así me siento últimamente, necesité algo que me hiriera de corazón para reaccionar. A veces nos atamos demasiado a la historias, yo especialmente al tener delirio de escritora. Pero estar amarrados a eventos que ya se fueron y nunca volverán, no nos permite crear nuevas historias, seguir escribiendo la trama de nuestros días.

Entonces borré todas las fotos, los correos, los comentarios, los amigos en común, las canciones, los escritos y pude oír voces: «Uy, esa vieja si nos está dando demasiada importancia» pero ¿saben? es que ahora soy yo la que tiene que seguir, sus pensamientos estrellan contra mis paredes en blanco.

Esa noche me obligué a salir de la cama, aunque no quería. Me puse un vestido blanco, como los rastros de recuerdos que ya no quedaban y sin historias en la mano, salí a bailar con mis amigas del colegio. Entonces miles de historias nuevas comenzaron de repente.

Mientras decidíamos dónde entrar, en la dirección contraria, aparecieron todos juntos esos amigos que el tiempo se encargó de perder. La típica barrita del colegio, con los que aprendimos juntos a bailar, nuestros primeros novios, las primeras metidas de pata. Incluso Krum estaba entre ellos, y se sintió tan bien volvernos a ver, reírnos del pasado y volver a ser amigos.

Entramos todos juntos a una discoteca, a bailar, a darnos cuenta todo lo que el tiempo nos había cambiado y que al final, éramos los mismos.

Luego, entre la multitud, se cruzó una mirada conmigo. Quedamos paralizados. No teníamos por qué encontrarnos allí.

– ¿Tú qué haces aquí?
– Mas bien, ¿tú qué haces aquí?

y de esa nueva historia y de él, que es más bien Don Prohibido, mejor no hablo mucho 😉

Pero lo que pretendo decir es que no hay nada más absurdo que amarrar con nudos las historias que de nuestra vida ya se han ido. ¡Cuántas nuevas nos están esperando!

Aquellos que estén en las mismas, los reto a borrar. No es tan difícil, comiencen por lo material, luego unan la actitud y cuando oigan ESA canción que les recuerda todo, cierren los ojos con fuerza y dedíquensela al gato 🙂

Nota: No aseguro que borrar historias les vaya a evitar nuevos problemas, pero… ¡nada más rico que estrenar líos!

Nota 2: La canción es Amnesia de Santiago Cruz

Ausencias

Me tapo los ojos con tres manos.

Dos mías

y una que me he inventado


Ha sido un robo

y tú,

temblando,

has amanecido manco


“Yo tengo tu mano”

te dijo en un susurro


Me la he llevado.


No finjas sordera

que tus oídos

así egoístas

así malagentes

aún se conservan


Cansada de caminar entre inventos

he robado tu mano

así,

al menos

las mías

ya no tiemblan

tanto

Reencuentros desafortunados

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Con la oscuridad de las 2 de la mañana encima de las discotecas, las calles agolpadas de gente tomando, unos pocos carros avanzando lentamente entre los estrechos espacios sin multitudes, caminábamos de bar en bar probando los shots más exóticos que encontráramos. Vodka con masmelos, tequila con gelatina, uno verde del que es mejor no preguntar…
Éramos cinco, ninguno estaba cerca a ser un amigo de toda vida, apenas los acababa de conocer, aún así me sentía bien. Estaba en mi ciudad, caminando por lugares que había visto millones de veces, sin esperar nada de la noche de viernes.
Cuando dos de ellos se adelantaron y se alejaron en la oscuridad, los tres que quedábamos seguimos caminando lentamente en medio de la calle, como si no existieran carros, como si no existiera nada más. Hacia nosotros, venía un grupo.
A punto de cruzarnos y pasar de largo, nos reconocimos.
Lo primero que vi, como una imagen borrosa, fue una camisa de cuadros, luego una mano agarrando a otra, lo último su cara.
Quedé petrificada, aceleré el paso por inercia, cuando él reaccionó:
– Hola! ¿Cómo estás? – dijo amablemente, incluso sonriendo un poco
Yo seguí caminando, casi pasé de largo. Luego torcí la cabeza hacia atrás, lo miré y, soltando palabras como ladrillos, le respondí secamente:
– Hola
«Qué tan antipática» supongo que pensó por su manera de mirarme, pero yo aceleré el pasó y no miré hacia atrás. Simplemente agarré del brazo a aquel desconocido que iba conmigo esa noche y lo apreté lo más fuerte que pude. Antes de entrar a la discoteca y viendo que aún no lo quería soltar, me preguntó:
– ¿Era tu ex novio?
– No
– ¿Tu ex cuento?
– No
– ¿Un enemigo?
– No, algo peor – intenté ignorar el nudo que se formaba en mi garganta – un ex amigo.

Una vida de segundos

Los segundos que le quedaban al 13 de diciembre se desvanecieron en mis manos. De repente, en la pantalla, aparecieron los cuatro grandes ceros.

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Más rápido que un segundo, aunque fuese un segundo, quedaron ya tres ceros y un uno, luego un dos, un tres, un cuatro, un cinco…

Llevo 1 hora y 35 minutos mirando el reloj. Los primeros segundos del 14 de diciembre me han absorbido y, sabiéndolo, sigo mirado, hipnotizada.
Y así pasan mis primeros instantes con 21 años, pero con lo rápido que van… pronto estaré cumpliendo los 70.

Entre cajas de cartón

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Aparecen fotografías que se habían perdido a conveniencia del olvido; encuentro el peluche que escondí para dejar de pensar en él, caen a mis pies las cartas que me escribió algún amigo jurándome que jamás se iría. Las mil entradas a discotecas, los primeros trabajos de la universidad, el paraguas que siempre pensé que había perdido…
Casi a medianoche termino de cerrar la última caja. En silencio observo cómo el apartamento parece distinto.
Mañana quedará  vacío.
Pasarán algunos días, luego alguien cubrirá con una capa de pintura cubrirá los poemas que escribí en la paredes. Y llegará alguien más, alguien nuevo, a llenar los cuartos de recuerdos.

Sin título

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A veces no sé si me quieres, muchas veces no sé si te quiero. Flotamos uno junto al otro porque allí caímos.

Cuatro semanas atrás tú no pretendías cogerme la mano y yo menos quedarme con ella, pero de alguna manera pasó. Dejamos que el tiempo siguiera y las manos se acostumbraron a andar juntas, los dedos a jugar, los besos a pasearse entre los días de lluvia.

Y sé que quedan 4 días en la Fría Ciudad y luego podré escapar.

A veces pienso que sólo para eso soy buena, para correr cuando tengo miedo.

Llueve

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Mientras corro a través de las gotas no pienso en nada. Dejo que mis zapatos se hundan en los charcos de agua, que la lluvia deje mi pelo tan mojado que parezca negro.
Estiro los brazos y miro al cielo oscuro, doy vueltas y vueltas. Giran las nubes con mis manos.
Comienzo a reir como si no existiera más, me rio del amor confuso, de la vida rara, de la lluvia que moja los zapatos que lavé ayer, del trabajo que aún no termino.
Me rio de mí, por estar muerta de la risa en una calle sola y oscura, por estar mojada. Me rio del camionero que se ríe de mí…
Y soy feliz así, sola… saltando en la lluvia.
Y siento como ella lava la máscara que llevo puesta. Pedazo a pedazo va cayendo al suelo todo lo que he sido y no quiero ser.
Paso decidida por encima de los miedos, mentiras y fracasos que van quedando en la acera.
No miro atrás.
Sonriendo,
camino hacia adelante
entre las gotas de lluvia fría
de esta Fría Ciudad

Una vida de cemento

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Recuerdo un ejercicio de clase de gimnasia en el colegio. La profesora llevó a todo aquel ruidoso y desordenado grupo de niñas de 10 años al muro más lejano del colegio. Un muro gris de concreto, tan alto como para que nos fuese imposible escapar.

Entonces nos pidió que pusiéramos nuestras manos contra el cemento. Cada una de nosotras miró hacia los lados, preguntándose qué pretendía hacer la señora. Aún así, y porque en el colegio mandan todos menos uno, hicimos caso.

Una mano
otra mano
el muro

– ¡Ahora – nos dijo, levantando la voz – empujen lo más fuerte que puedan, hagan que el muro se mueva!

Recuerdo, más allá de nuestras caras y comentarios, el sentimiento de impotencia.

Fuerza
impulso
desespero
las piedras dejando marcas en nuestras manos
los dedos fundiéndose con las sombras del muro

Pero ante todo,
más que todo,
estaba la certeza
que jamás moveríamos
ni un solo centímetro
del muro
que nos separaba de la libertad

¿y si la vida consistiera sólo en eso, en empujar muros que jamás se moverán?

¿Quién me acompaña a cantar?

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A los días se los va robando el ladrón de tiempo, mi querido reloj. Y pasan las amistades, los amores, los días largos, los que olvidaremos, las sonrisas, los cuentos y las lágrimas… y quedan nada más las palabras que en algún momento fueron del presente y ahora comienzan a desteñirse.

En conmemoración de mi primer añito como bloguera y esperando desenpolvar palabras, quisiera que le echaran una mirada a esas primeras entradas que sólo leía yo y aquellas a las que les guardo un especial cariño:

1) Por decir lo que es y punto:
2) Por lo sincera
3) Porque el título es perfecto
4) Porque ahí estoy pintada
5) Porque fue la primera
6) Porque no soy la mejor persona del mundo
7) Porque hay misterios que aún no logro resolver
8) Porque es mi cuento preferido
9) Porque es la que más comentarios ha tenido
10) Porque en el colegio ya tenía mis problemas mentales
11) Porque fue la segunda
12) Porque, lo admito, es de mis preferidas
y por todas las que vendrán, cantaré: ¡Cumpleaños feliiiz!
¿Quién me acompaña a cantar?

Escondidijos

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Me encanta como el Tiempo juega a las escondidas.

En principio me dediqué a contar 1,2,3,4,5… pero cuando los meses empezaron a pasar, me cansé, convoqué al olvido y seguí adelante, guardando recuerdos en alguna vieja caja, a veces con candado.
Y entonces, cambiaron las ciudades, los momentos, pasaron los amigos, los amores, como páginas de viejos diarios… y en el instante menos esperado, oi a lo lejos aquella voz saliendo de su escondite:
– ¡Por mí!
y me quedé mirándolo.
y me quedé mirándote…
¡Cuánto tiempo ha pasado! Me conociste como una colegiala riendo a carcajadas, yo te recordaba como un hippie de pelo largo y mirada tímida. Fui tu amor de verano y te di un beso porque tenía mucho que olvidar…
Ahora, en una ciudad desconocida para los dos, te vuelvo a encontrar.
– Cuánto has cambiado – me dices mirándome a los ojos – te ves tan grande
– y tú, te has cortado el pelo… – no encuentro más palabras
Caminamos por el centro, entramos a algún viejo café, hablamos del pasado… Y noto que tus ojos son cafés claros.
Me abrazas. Nos despedimos en la parada del bus…
Siento que el Tiempo comienza a sonreír maliciosamente, pensando en el juego que volverá a comenzar.
– Oye, ¿tienes algo que hacer el jueves? – te digo antes de subir.
– Planeaba volver a verte – Me respondes
Ay, Tiempo querido… ¡creo que ya he aprendido a jugar contigo!