Monday

Las horas meciéndose despacio – hacia atrás, hacia adelante, hacia atrás, hacia adelante – alrededor de los zapatos que esperan bajo la mesa. El café frío, el café malo, el café que no es café colombiano. El rostro mira la pantalla, los ojos no miran nada. El jefe entra a la oficina, su voz es gorda. Su cabeza calva. Nos paga porque necesita amigos, alguien me dijo alguna vez. El cuenta un chiste y toca mi hombro. Arde. Me río. La tarde se vuelve tan larga como un viaje a Medellín. Me gusta pensar en Medellín en español, es mas mío, como las palabras guayacán amarillo. Algo se mueve dentro de mi cuerpo, como una ola, como un tren con alas que choca contra la piel. Después, el caos de flores amarillas, café frío, palabras en español, regados por el piso. ¿Qué paso con la niña colombiana? El jefe pregunta. Nadie sabe. Son las cuatro de la tarde.

15 cosas que no entiendo

1

  1. Nada sobre los amores que se van y los que llegan
  2. Por qué el trabajo se siente como estar encerrada en la esquina de un cuarto de juegos
  3. A la gente que quiere quitarse la vida, cerrando la puerta, quebrando un vaso de vidrio, dejándote afuera.
  4. A Dios, que se quedó congelado
  5. Lo mucho me duele aquello que no debería importarme
  6. Lo mucho que finjo que no me importa aquello que duele
  7. Por qué ese día no fuiste por mí
  8. La falta que me hace tener un editor
  9. Cómo hacer los papeles para aplicar a una universidad en el exterior
  10. A mamá
  11. Por qué aún cuelgan del techo los pájaros de origami
  12. Por qué esperaste tanto por mí y luego me vas dejando ir, así despacito.
  13. Los 13 de cada mes
  14. Esa ira que apareció hace poco y me hace temblar los dedos, apretar los puños.
  15. Cómo vive la gente toda la vida, con el corazón tan pesado.

Historias sin comienzos

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Ellos no se miran, no se buscan. Cada uno con los ojos en la pantalla. No es posible sospecharlo. Ni ella busca ponerse su mejor ropa ni él se pasa las noches buscando palabras para ella.

Ella se levanta por café y él pone mucho cuidado en no mirar su taza y esperar que esté vacía. Una mujer se acerca a hablarle a él y ella no alza la mirada de su libreta de apuntes, ni clava con más fuerza el lapicero al papel.

No se buscan, pero se esperan. Yo tengo certezas.

Me demoro un poco mas en salir. Ella tiene las llaves para cerrar y él aún no ha terminado. Yo tomo mi bolso y camino hacia el ascensor.  Miro solo una vez hacia atrás. Ellos siguen con sus miradas en las pantallas.

– ¿Te demoras? – le dice ella, sin levantar los ojos.

Se cierra la puerta del ascensor tras de mí.  Me quedo recostada contra el espejo.