Ella a veces sueña con el olor a tierra. El bosque está desierto y entre las hojas de los pinos se cuela la luz del sol. Ella escarba la tierra y sus uñas se van llenando de color café, no hay nadie alrededor. No se detiene hasta que el hoyo tiene la forma de su cuerpo. Luego, se quita los zapatos rojos, el collar y el reloj.
Se acuesta sobre la tierra, abraza sus rodillas, cierra los ojos. El viento la va cubriendo. No se oyen mas los sonidos del mundo, las risas grises, los susurros.
Ella a veces sueña con el olor a tierra, que tapona sus oídos y la deja por fin en perfecta soledad.


Quisiera que entendieras, cuando te digo que hay algo diferente en la manera en la que la luz rebota contra las cosas, en la que el viento levanta las hojas marrones del suelo. La conexión a Internet, que siempre nos falla, no me alcanza para describirte las calles de este pueblo mágico, en cuyas las montañas encuentro castillos y en una esquina me tropiezo con la casa de Jane Austen. A veces, o casi siempre, me cuesta recordar que no estoy soñando.