Huellas

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Sé que me encanta la soledad, pero que bonito es también volver a mirar la vida y verla llena de huellas.

Las huellas de una tarde recorriendo Medellín y hablando de Rayuela, el sonido de dos voces desafinadas cantando en un Transmilenio, que me acompañes a caminar hasta Cuba, una conversación infinita en Juan Valdez donde nos damos cuenta que nos parecemos mas de lo creíamos, caminar borrachos por la ciudad dormida, quedar sin voz luego de un concierto de una banda que nunca habíamos escuchado antes, recorrer las calles de una ciudad donde nadie mas habla nuestro idioma.

Quisiera poder recordarlo todo en paz, como quien pinta un cuadro y sabe que cada color valió la pena.

El problema del ‘amor-real’

Untitled-1Yo creo que el amor es una combinación imposible de ‘su malgenio’ y ‘mi manera de quedarme callada cuando no me siento bien’, o de ‘mi desorden’ y su ‘obsesión por la puntualidad’.

El amor ha llegado varias veces. Con los dientes torcidos, con el pelo hasta los hombros, vestido solo de color negro, con los ojos amarillos. Ha llegado sin saber qué hacer con su futuro o con tanta certeza de saberlo que me borra del paisaje. Ha llegado incluso con mal aliento.

El amor también se ha ido.

Vamos separándonos y juntándonos unos con otros, y traemos canciones de otros, cuerpos de otros, besos de otros, tristezas de otros. Y cuando nos juntamos, a veces parecemos 32 en vez de dos.

Ayer entré a un edificio de oficinas, iba con mi bolso y mi computador, a reunirme con un cliente. El sol golpeaba las ventanas y mientras caminaba, pensé que quizás debía haberme maquillado un poco más. Entonces recordé que 10 años atrás había estado en ese mismo edificio, con el uniforme del colegio.

Casi me podía ver, casi la podía ver. Corriendo junto a él, bajo la lluvia, y refugiándose en el hall de oficinas en el que estaba apunto de entrar. La vi con la falda de cuadros a la rodilla y el pelo tan mojado que parecía negro, la vi muerta de la risa, agarrada de la mano de alguien al que hace años no volví a ver.

Al verla, supe que le había cumplido muchas cosas que deseaba. Si pudiéramos vernos cara a cara, ella se alegraría de encontrarme sin tacones ni maquillaje, con el pelo largo aún suelo. Y moriría de emoción al saber que nos iremos pronto a estudiar escritura creativa a Inglaterra. Pero del amor… ¿qué me diría del amor?

Ella estaba convencida que el amor debía ser algo así como una historia, que incluía una escena en la que la pareja se daba besos bajo la lluvia.  Aunque en el fondo sabía que no estaba enamorada, quería esconderse junto a él mientras pasaba la lluvia, porque el amor debía parecerse a eso, a apretarse el uno con el otro cuando hacía frío.

Yo no le puedo dar el amor que ella quería, porque sé que es imposible exigirle al amor que sea igual al de una película. Pero debo aceptar que, diez años después, aún me cuesta el concepto de “amor-real”. Ese amor que a veces está más callado, a veces no se entiende, a veces quiere estar solo.

Aún me cuesta entender que el amor nunca va a llenar todos los espacios en blanco.

De la mano, caminando a Cuba

medellin

– Hagamos una cosa – le dije aburrida del silencio que se extendía por toda la invitación a comer luego de que el mesero había tomado nuestra orden – juguemos a las preguntas

– Está bien, pero si tú empiezas… – me respondió sonriendo.

Así comenzamos un juego que duraría toda la cena, me sorprendió que no era malo preguntando y además le encantaban mis respuestas.

– Te toca… – le dije luego de haber terminado hasta el postre.

– Ehh… – se mordió los labios como quien se esfuerza por sacar algo interesante de su cabeza – ¿qué es lo más grande que han hecho por ti, por amor?

***

Lo pensé por un instante, entonces te recordé. Hace tiempo no pensaba en aquellos días del que ahora parece un lejano pasado.

¿Te acuerdas Krum? Antes de que se enterrara todo en el olvido y cada uno hiciera su vida en otra ciudad, éramos la típica pareja de novios de secundaria, tú un enamorado iluso y yo una escritora principiante intentando entender qué era amar. Todos los lunes ibas a visitarme, juntos caminábamos por un helado hasta el centro comercial que quedaba a unas pocas cuadras de mi casa. Pero aquel día algo se complicó en el trabajo y llegaste a las siete de la noche. Era demasiado tarde para caminar hasta allá, quizás ya habrían cerrado el local.

Me abrazaste tiernamente y mirándome a los ojos, me preguntaste qué haríamos aquella noche. Lo pensé por un instante, sonreí y convencida te respondí que caminaríamos hasta Cuba, quedaste paralizado. Sospecho que te comenzabas a acostumbrar a mis arranques de locura pero aun sonrío al recordar tu cara.

– Ausencia ¿cierto que tú sabes que Cuba está rodeado de mar y no podríamos llegar jamás caminando?

– No me importa, hoy quiero ir a Cuba… – crucé los brazos y me quité de tu abrazo.

Terca como una niña malcriada, salí por la portería del edificio y comencé a caminar loma arriba. Tú, que habías tenido entrenamiento de fútbol en la mañana y luego trabajo toda la tarde, que sabías con certeza que yo vivía en la parte de abajo de una loma empinada y larga, saliste detrás de mí.

Nos demoramos 2 horas y media subiendo la loma, hacía frío y amenazaba con llover, además sabías que era bastante obvio que jamás llegaríamos a donde yo pretendía. Pero seguiste allí, todo el camino con mi mano entre la tuya, sólo porque a tu novia, así de repente, se le había ocurrido que quería llegar a Cuba esa misma noche.

***

– Alguna vez – le dije, aun sabiendo que jamás lo entendería – un niño del pasado me acompañó caminando a Cuba…

Antes de que él se quitara la cara de confusión de encima, comenzó a sonar mi celular. Mil mariposas se adueñaron en un instante de mi estómago, mis manos temblaron al acercarlas al bolso…

¿y si fueras tú?