Historias con canciones

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Te pedí que no me llevaras a mi casa. Me dijiste que podíamos tomar una cerveza, en el sitio de siempre. Parqueamos la moto y caminamos cogidos de la mano hasta el bar. Sabías que me pesaba el alma y quería llorar por él. Él me había hecho daño y yo lo había querido un montón. Sabías que no quería volver a él.

No quiero quedarme sentado, 
No quiero volver a tu lado
Creo me gusta así.
Ya paso el tiempo y espero saber por qué
Estando tan lejos no te quiero ver.

Pedimos dos cervezas y te dije que iría un momento al baño. Cuando volví, mirabas tu celular distraído. Estar allí podía ser la situación más extraña de mi vida, porque aún lo quería a él y tú lo sabías, porque quería estar contigo y aprenderte a querer, y tú también lo sabías.

Adentro llueve
y parece que nunca va a parar
Y va a parar.

Teníamos un miedo tan inmenso que llenaba todo el bar, se sentaba en las sillas y pedía cervezas. Como no sabíamos qué decirnos, decidimos darnos un beso. Entonces empezó a sonar una canción.

Ya no duele el frío que te trajo hasta acá
Ya no existe acá
No existe el frío que te trajo.

Y nuestro beso duró toda la canción.

Cantando a pesar de las llamas.
Lalalalala
Gritando con todas las ganas. 
Lalalalala

Nunca supe explicar lo que había pasado en ese momento. Pero ahora, cuando ha pasado el tiempo, por fin lo entiendo. Fue allí cuando entendiste que estaba triste y que iba a tomar tiempo en curar, fue allí cuando entendí que no te importaba, que ibas a luchar conmigo.

Gracias.

 

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Quédate

with you it is different

Cuando me reencontré contigo estaba desbaratada. Tú no tenías afán, eso me dijiste.

Tenías todo el tiempo del mundo para caminar alrededor mío, recogiendo uno a uno los pedacitos. Los tristes, los que tenían miedo, los que querían correr.

Me fuiste armando de nuevo, pieza por pieza. Luego, me abrazaste tan fuerte que todas las piezas flojas comenzaron a hacer parte de mí una vez más.

Quédate. Quédate a mi lado muchos meses más.

Tres semanas en Bath

IMG_20140921_160924Quisiera que entendieras, cuando te digo que hay algo diferente en la manera en la que la luz rebota contra las cosas, en la que el viento levanta las hojas marrones del suelo. La conexión a Internet, que siempre nos falla, no me alcanza para describirte las calles de este pueblo mágico, en cuyas las montañas encuentro castillos y en una esquina me tropiezo con la casa de Jane Austen. A veces, o casi siempre, me cuesta recordar que no estoy soñando.

Ya te lo he dicho miles de veces, pero te quiero contar otra vez que mi casa parece sacada de un cuento, con su forma triangular, su túnel de árboles para llegar a la puerta y la chimenea asomándose en el punto más alto del techo. Mi universidad es un castillo y por las noches, cuando ya se han acabado las clases, me voy a recorrer las escaleras de madera, las puertas que no llevan a ningún lugar, la sala a la que se supone que no podemos entrar.

Te he dicho mil veces, pero quiero que tengas la certeza de que llegará el día en el que te podré tomar de la mano y llevarte a cada lugar; a las calles, los caminos, los castillos, a esa esquinita de mi cama donde podremos volver a dibujar nuestra pequeña ciudad.

Ella

TAMAÑO-MATIZ

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Ahora que caminas a mi lado, quiero hablarte de alguien que quizás ya has visto.  

Ella es de color amarillo. Es un fantasma de color amarillo y siempre está un paso detrás de mí. Se queda muy callada cuando me rodea la gente, pero cuando estoy sola, se sienta junto a mí y me mira de reojo.

A ella le gusta esperarme en las esquinas de los días lluviosos, en los sueños o detrás de algunas canciones.  A veces me hace llorar, la fantasma amarilla, porque no logro entenderla. No está allí con los recuerdos pasados ni cuando el presente me hace daño.  A veces no tiene argumentos, ni deseos, pero siempre sigue ahí, sentadita en la banca de mis silencios.

Pero hay noches, como la que viviste ayer, donde ella sale de su escondite y revienta mis pupilas. Entonces me quiebro, me rompo.

No tienes que hacer nada, solo quédate algunos minutos allí y déjame esconderme de ella en tus hombros.  

El problema del ‘amor-real’

Untitled-1Yo creo que el amor es una combinación imposible de ‘su malgenio’ y ‘mi manera de quedarme callada cuando no me siento bien’, o de ‘mi desorden’ y su ‘obsesión por la puntualidad’.

El amor ha llegado varias veces. Con los dientes torcidos, con el pelo hasta los hombros, vestido solo de color negro, con los ojos amarillos. Ha llegado sin saber qué hacer con su futuro o con tanta certeza de saberlo que me borra del paisaje. Ha llegado incluso con mal aliento.

El amor también se ha ido.

Vamos separándonos y juntándonos unos con otros, y traemos canciones de otros, cuerpos de otros, besos de otros, tristezas de otros. Y cuando nos juntamos, a veces parecemos 32 en vez de dos.

Ayer entré a un edificio de oficinas, iba con mi bolso y mi computador, a reunirme con un cliente. El sol golpeaba las ventanas y mientras caminaba, pensé que quizás debía haberme maquillado un poco más. Entonces recordé que 10 años atrás había estado en ese mismo edificio, con el uniforme del colegio.

Casi me podía ver, casi la podía ver. Corriendo junto a él, bajo la lluvia, y refugiándose en el hall de oficinas en el que estaba apunto de entrar. La vi con la falda de cuadros a la rodilla y el pelo tan mojado que parecía negro, la vi muerta de la risa, agarrada de la mano de alguien al que hace años no volví a ver.

Al verla, supe que le había cumplido muchas cosas que deseaba. Si pudiéramos vernos cara a cara, ella se alegraría de encontrarme sin tacones ni maquillaje, con el pelo largo aún suelo. Y moriría de emoción al saber que nos iremos pronto a estudiar escritura creativa a Inglaterra. Pero del amor… ¿qué me diría del amor?

Ella estaba convencida que el amor debía ser algo así como una historia, que incluía una escena en la que la pareja se daba besos bajo la lluvia.  Aunque en el fondo sabía que no estaba enamorada, quería esconderse junto a él mientras pasaba la lluvia, porque el amor debía parecerse a eso, a apretarse el uno con el otro cuando hacía frío.

Yo no le puedo dar el amor que ella quería, porque sé que es imposible exigirle al amor que sea igual al de una película. Pero debo aceptar que, diez años después, aún me cuesta el concepto de “amor-real”. Ese amor que a veces está más callado, a veces no se entiende, a veces quiere estar solo.

Aún me cuesta entender que el amor nunca va a llenar todos los espacios en blanco.

La primera noche de balcón

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Hay noches que prefiero dejar paralizadas. Se quedan allí, en ese lugar del recuerdo donde no puedo entrar muy seguido porque está lleno de errores, y los errores es mejor no recordarlos.

So I think it’s best we both forget before we dwell on it
The way you held me so tight all through the night
Till it was near morning

Pero hoy, cuando ya ha pasado más de un año, empiezo a entender que el error es algo así como una belleza no intencionada. (Alguna vez leí que la belleza es un instante en el que se encuentran por casualidad dos cosas que en sí mismas son feas, pero que juntas se transforman en pequeños milagros).

And those bright blue eyes can only meet mine across a room
Filled with people that are less important than you

Nunca entendí cómo terminé allí, en su apartamento. Recuerdo que salimos de la discoteca y todos querían seguir la fiesta en casa de él. Yo sabía que tenía que decir que no, que no iría, que yo era una niña juiciosa. Pero dije que sí, porque él me picaba en la punta de los dedos.

Todos dormían ya, regados entre los muebles y el suelo, eran las dos de la madrugada y habían tomado demasiado alcohol. Me asomé al balcón, la vista era increíble. Las luces amarillas se regaban por la montaña y se reflejaban en el cielo. Era la primera vez que estábamos completamente solos. Qué estoy haciendo aquí. Entonces sentí que se acercaba.

– ¿Te puedo abrazar?

No dije nada, no dije que no.

Creo que me había gustado desde siempre, pero de a poquitos. Un poquito en la primera fiesta, otro poquito en el ascensor, mucho más cuando conversamos por horas en un Juan Valdez. Con él se podía conversar, eso era lo que me repetía una y otra vez en la cabeza, nada más conversar.

– ¿Por qué no te puedo dar un beso?

– Porque tengo novio – le respondí, apartándolo por décima vez

Pasamos la noche conversando, analizando la vida, contándonos historias que quizás no le contábamos a nadie más, oyendo mil veces las mismas canciones… Incluso, y aunque no supiera tocar más que tres canciones, sacó su guitarra.

Luego amaneció y no volvimos a hablar en mucho tiempo. La vida se fue yendo en otras cosas, en otras ciudades lejos del balcón.

Muchos meses después, una noche en la que no podía dormir, me llegó un mensaje a mí celular. Solo decía: Abre tus ojos.

27 cosas bonitas

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  1.     La ciudad desde su balcón
  2.     Los girasoles
  3.     Caminar con los ojos abiertos
  4.     Que te agarren fuerte la mano cuando estás en medio de una lucha de gigantes
  5.     Los anuncios de Spotify a las 4 de la mañana
  6.     Los ojos azules (o verdes)
  7.     Snow Patrol
  8.     Orgullo y prejuicio
  9.     Esas canciones que nos gustan y nunca se las mostramos a nadie más.
  10.     Las conversaciones de toda la noche, acompañadas de vino
  11.     Los besos en medio de la lluvia, en la ubicación estratégica
  12.     Las cicatrices como historias para contar
  13.     Axl Rose
  14.     Que te duela la cabeza cuando quieres preguntar algo realmente importante
  15.     Cuando nos podemos reír de las cosas malas, de las caídas que duelen
  16.     Ser adultos, poder remplazar la comida por papas y crispetas
  17.     Los besos largos (y los corticos)
  18.     Que te toquen guitarra (así no sepan del todo cómo)
  19.     Ver un montón de capítulos seguidos de How I met your mother
  20.     Que te digan que estás bonita
  21.     Las personas que no tienen miedo de verte llorar
  22.     Decirle al mundo que no somos amigos
  23.     Los hombros cómodos para dormir
  24.     Que te acompañen a buscar a Dios
  25.     Cuando casualmente a la alarma del celular se le olvida sonar
  26.     Las personas que te sorprenden
  27.     El número 27