El primer día fue perfecto, mis pies ya no estaban atados al cielo y era más fácil caminar. Los siguientes dos el cuerpo se rebeló, todo temblaba por dentro y la cabeza quería explotar. Pero era solo el cuerpo, nada que me pudiera preocupar. El tercero algo raro pasaba, las paredes me ahogaban y el corazón saltaba en mi garganta. El cuarto y el quinto todo estalló, fue como ahogarse despacito.
El sexto fue un respiro.
Y en el séptimo llegó la Ira. Una Ira roja y verde, con mayúscula porque es tan sincera que dura un día más y me quedo sin amigos.
Y llegará el octavo, y el noveno, y el décimo… y tú aún no habrás entendido que te necesitaba al lado.
